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ūüėĒ ‚ÄúViolencia est√©tica‚ÄĚ: qued√≥ en estado vegetativo despu√©s de una operaci√≥n

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Ella quer√≠a verse bella. A sus 32 a√Īos, ya se hab√≠a hecho dos cirug√≠as est√©ticas. Su madre le hab√≠a pedido que no se hiciera otra m√°s, pero ella no la escuch√≥. Padec√≠a depresi√≥n. Buscaba sentirse mejor. El m√©dico que se promocionaba como un especialista en cirug√≠a est√©tica no lo era. La atendi√≥ en una cl√≠nica porte√Īa que no estaba preparada para semejante procedimiento ni contaba con personal id√≥neo.¬†Liposucci√≥n, recambio de pr√≥tesis mamarias, afinamiento de p√≥mulos y una gluteoplast√≠a,¬†que -en este cuarto caso- ella no hab√≠a consentido por escrito.¬†Todo result√≥ mal. Todo. Qued√≥ en vegetativo de por vida.¬†El m√©dico que la oper√≥ acaba de acordar con la fiscal√≠a una condena a¬†dos a√Īos de prisi√≥n.¬†¬ŅLos delitos? Lesiones culposas de car√°cter grav√≠simas y estafa. A√ļn falta juzgar al responsable de la cl√≠nica.

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La jueza porte√Īa Karina Andrade, que homolog√≥ el acuerdo entre la defensa, la fiscal√≠a y la querella, explic√≥ en su fallo que tomaba esa decisi√≥n luego de escuchar a los padres de la v√≠ctima y su necesidad de que se dictara una condena, ‚Äúque retribuyera lo sucedido y se diera por finalizado as√≠ el proceso penal al menos en relaci√≥n‚ÄĚ el m√©dico que se fue a vivir a su pa√≠s de origen: Bolivia.

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Pero el fallo sirvi√≥ adem√°s para incorporar la jurisprudencia el t√©rmino¬†‚Äúviolencia est√©tica‚ÄĚ,¬†un concepto difundido por la soci√≥loga venezolana Esther Pineda sobre las obligaciones de cumplir con el ideal de belleza y el costo que se paga por no cumplirlo.

La muerte de Silvina Luna, junto a las otras víctimas del médico Aníbal Lotocki, hizo visibilizar el peligro de someterse a una cirugía estética sin cuidados, y con dudosos profesionales, en busca de la belleza perfecta.

Aqu√≠, la v√≠ctima fue¬†J.D.,¬†una joven de 32 a√Īos. El 11 de diciembre de 2019, en un centro m√©dico de la calle Billinghurst., su vida cambi√≥ para siempre. Una cirug√≠a est√©tica le provoc√≥ lesiones grav√≠simas e irreversibles: una encefalopat√≠a hip√≥xica secundaria a paro cardiorrespiratorio. Perdi√≥ en forma permanente la movilidad de sus cuatro miembros. Qued√≥ dependiente de por vida, inconsciente, alimentada por sonda por yeyunostom√≠a y ventilaci√≥n espont√°nea por traqueotom√≠a.

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El responsable de esa intervención era F.J.S.M, un médico boliviano que se promocionaba en redes sociales como especialista en cirugía plástica aunque no lo era. En la Argentina, hasta ahora, no se exige tener la especialidad plástica para hacer estas intervenciones: basta con ser cirujano para estar habilitado a realizar cirugías de tipo estéticas. No obstante, la práctica médica aconseja tener la especialidad.

Cuando la denuncia se radic√≥, la querella acus√≥ al profesional de un actuar intencional. Y hasta plantear investigar la figura de homicidio. El caso lleg√≥ a juicio por lesiones gravisimas, estafa, ejercicio ilegal de la medicina y usurpaci√≥n de t√≠tulo‚ÄĚ. Del fuero en lo criminal nacional pas√≥ al √°mbito de la justicia porte√Īa.

El fallo:

‚ÄúEl comportamiento de F.J.S.M. revel√≥ una gravedad tal que sobrepas√≥ con creces el riesgo permitido al punto de llegar a un contorno borroso entre la imprudencia consciente y el dolo eventual.¬†La extensi√≥n da√Īosa del resultado sobre la vida de J.D. es irreversible¬†en su integralidad: se encuentra internada en una cl√≠nica asistida permanentemente, en un estado psicof√≠sico irreversible, imposibilitada para trabajar, hablar y valerse por s√≠ misma de por vida, habiendo perdido la movilidad en sus cuatro miembros, con diagn√≥stico de encefalopat√≠a hip√≥xica retardada. En lenguaje sencillo, y en palabras de la querella al momento de hacer la denuncia:¬†‚Äėsu cerebro est√° muerto¬†y sin posibilidad de recuperarse‚Äô‚ÄĚ.

‚ÄúGravosos errores y descuidos cometidos por el acusado‚ÄĚ

El fallo determin√≥ que la v√≠ctima no se encontraba en condiciones de salud para ser sometida a las cuatro intervenciones que le fueron realizadas en forma conjunta. Seg√ļn los profesionales que intervinieron en el juicio, se trataba de una ‚Äúpaciente portadora de una enfermedad sist√©mica y un riesgo de ASA 2, donde habr√≠a que determinar, si la prioridad habr√≠a sido el estudio cl√≠nico de la paciente o la operaci√≥n est√©tica‚ÄĚ. Ten√≠a una leucositosis, consistente en gl√≥bulos blancos elevados, indicador de un proceso infeccioso inflamatorio y, ten√≠a elevada la FAN (fracci√≥n antinuclear), que es el indicador de un proceso autoinmune. ‚ÄúNo estaba en condiciones de ser operada,¬†no era el momento adecuado para esa cirug√≠a‚ÄĚ. ‚ÄúSe trataba de una intervenci√≥n est√©tica, que no ten√≠a urgencia‚ÄĚ, acot√≥ un tercer profesional.

El procedimiento se hizo en¬†una cl√≠nica ambulatoria que no contaba con terapia intensiva¬†e instalaciones recomendadas para este tipo de cirug√≠as, como ser laboratorio y servicio de hemoterapia. ‚ÄúNo hay dudas de que fue un acto de imprudencia llevar a cabo en ese lugar las diversas cirug√≠as a J.D. por la complejidad que cada una conllevaba‚ÄĚ, se sostuvo.

Otro indicador del deber de cuidado a la paciente qued√≥ demostrado en¬†la cantidad de lidoca√≠na que le dieron: en exceso provoca un cuadro de toxicidad para el organismo de la paciente, y puede causar un episodio card√≠aco que determine el desenlace lesivo. Le dieron 4 frascos de lidoca√≠na al 2%, que representan 1.600mg. Por su peso la dosis no pod√≠a superar los 300 mg. Hasta las instrumentadoras quir√ļrgicas que participaron en la operaci√≥n y afirmaron que fue el acusado quien decidi√≥ usar esa cantidad de lidoca√≠na.

Cuando la retiraron del quir√≥fano la llevaron a una sala donde¬†nadie se qued√≥ a monitorearla.¬†‚ÄúJ.D. estaba acostada sobre una cama no apta para realizarle maniobras de reanimaci√≥n, y que al momento en que eso fue necesario y urgente no se contaba con los instrumentos necesarios para hacerlo de la manera m√°s eficaz y con la persona imprescindible, pues tuvo que pedirse a la anestesi√≥loga que vuelva a la cl√≠nica‚ÄĚ, dice el fallo.

Hasta¬†tuvieron que bajar a la paciente al piso para que est√© sobre una superficie dura para poder hacerle las tareas de reanimaci√≥n. Sufri√≥ un¬†paro card√≠aco que nadie advirti√≥ a tiempo.¬†Las maniobras de reanimaci√≥n iniciales llegaron tarde. ‚ÄúEl da√Īo neurol√≥gico en una persona sana, si la reanimaci√≥n no hubiera sido tard√≠a, no tendr√≠a por qu√© ocurrir‚ÄĚ, se inform√≥.

‚ÄúDe la prueba rese√Īada surge con claridad que la encefalopat√≠a hip√≥xica retardada que dej√≥ a la damnificada en un cuadro irreversible fue consecuencia tanto de la decisi√≥n realizar las intervenciones bajo el estado de salud previo, como tambi√©n de la atenci√≥n tard√≠a tras el paro cardiorrespiratorio. Se suma, adem√°s, la falta de instalaciones acordes a la complejidad de las m√ļltiples intervenciones a realizar asumidas por la cl√≠nica‚ÄĚ, se estableci√≥.

Una operaci√≥n est√©tica, ¬Ņun riesgo elegido?

Para la jueza, ‚Äúlos descuidos y errores del acusado han sido las causas del resultado reprochado pues, de no haberlos cometido, J.D. no hubiera sufrido las lesiones‚ÄĚ. Y afirm√≥: ‚Äúdel c√ļmulo de riesgos generados y asumidos por el acusado resulta dif√≠cil imaginar que no se hubiera representado como improbable el resultado sucedido, o al menos, un desenlace da√Īoso para J.D.‚ÄĚ.

Pero ‚Äúa diferencia de los casos habituales en los que se aplica un desarrollo sobre la concurrencia de una causa de justificaci√≥n para las intervenciones m√©dicas, aqu√≠ resulta imprescindibles diferenciar que nos hallamos ante¬†un supuesto de medicina voluntaria¬†o satisfactiva. Esto adquiere relevancia, precisamente, porque al no tratarse de una aplicaci√≥n de la medicina necesaria o terap√©utica, las obligaciones de los m√©dicos en cuanto a la obtenci√≥n de un consentimiento informado v√°lido son y deben ser m√°s estrictas‚ÄĚ.

El fallo detall√≥ que ‚Äúdesde la perspectiva de un profesional m√©dico prudente, era desaconsejable la realizaci√≥n de las intervenciones m√©dicas‚ÄĚ y ‚Äúen ninguna secci√≥n del documento se especifica que le hubiera sido explicado a J.D. las implicancias de los procedimientos seg√ļn su estado de salud y que riesgos‚ÄĚ corr√≠a.

No obstante, se a√Īadi√≥, el punto central gira en torno al interrogante sobre si J.D., con conocimiento de los peligros que conllevaba la realizaci√≥n de las operaciones en un centro no habilitado para cirug√≠as complejas, hubiera igualmente dado su consentimiento para que se le practicaran tales procedimientos. Incluso, si hubiera conocido el riesgo que implicaba hacer de forma simult√°nea las cuatro intervenciones en general, y tambi√©n en particular a la luz de los resultados de sus estudios. Por fuera de las irregularidades mencionadas, lo cierto es que¬†no puede descartarse que J.D., aun estando en conocimiento de los riesgos aludidos, no hubiera consentido igualmente las intervenciones¬†(consentimiento hipot√©tico)‚ÄĚ.

Lo que no cambia, dijo la jueza, es la sanci√≥n sobre la conducta del m√©dico. ‚ÄúEn el momento en que J.D. comenz√≥ a descompensarse, merced al suministro en niveles t√≥xicos de lidoca√≠na, el acusado emprendi√≥ acciones para intentar estabilizar a la v√≠ctima. Esta circunstancia es relevante porque hace surgir en el m√©dico una nueva obligaci√≥n de consultar a su paciente sobre el consentimiento para ejecutar maniobras que, en este caso, s√≠ eran curativas. Desde luego, era imposible obtener el consentimiento v√°lido de J.D., que estaba inconsciente a ra√≠z de los procedimientos quir√ļrgicos que se le estaban practicando‚ÄĚ.

¬ŅUn accionar doloso o culposo?

‚ÄúQueda en evidencia que la cantidad de descuidos que rodearon la intervenci√≥n quir√ļrgica practicada a J.D., tras un juicio oral y p√ļblico, podr√≠an haber determinado la existencia de un actuar que super√≥ el actuar imprudente, ingresando en el plano de lo que la doctrina se√Īala como un actuar doloso, cuando menos con dolo eventual. Existen buenas razones para as√≠ sostenerlo, pues dado que el imputado es cirujano bien podr√≠a afirmarse que se represent√≥ la posibilidad de un resultado lesivo como el efectivamente ocurrido y aun as√≠, con consentimiento o indiferencia ante esa posible producci√≥n, actu√≥ de todos modos‚ÄĚ, sostuvo el fallo.

Para la jueza, ‚Äúel c√ļmulo de comportamientos descuidados -que se reflejan en el estado actual e irreversible de la v√≠ctima- resulta dif√≠cil de sostener como una conducta cuyo resultado no fue representado. Es claro que de acuerdo con los estudios prequir√ļrgicos J.D. no estaba en condiciones de ser operada, padec√≠a un proceso infeccioso y autoinmune, y sufr√≠a adem√°s de diarreas cr√≥nicas‚ÄĚ.

‚ÄúF.J.S.M. con los resultados de los prequir√ļrigicos en sus manos,¬†asumi√≥ ese riesgo y la oper√≥ de todas formas‚ÄĚ. Peor a√ļn, le hizo cuatro intervenciones a la vez, en una cl√≠nica que no estaba perfectamente acondicionada para cubrir los posibles riesgos‚ÄĚ. Y, para colmo, ‚Äúle suministr√≥ a la v√≠ctima una dosis de lidoca√≠na t√≥xica‚ÄĚ, por fuera del seguimiento deficitario que tuvo J.D. en el posoperatorio, debido no solo a F.J.S.M. sino al equipamiento defectuoso cuya necesidad qued√≥ en evidencia‚ÄĚ, se determin√≥.

Violencia de género

La jueza subray√≥ que los delitos por ‚Äúlesiones imprudentes grav√≠simas y estafa‚Ä̬†estuvieron enmarcados en violencia de g√©nero, en especial¬†violencia est√©tica. ‚ÄúEst√° probado que¬†J.D. era al momento de la operaci√≥n una mujer j√≥ven, ten√≠a 32 a√Īos de edad, padec√≠a de depresi√≥n, lo cual fue tenido en cuenta en las consideraciones m√©dico legales por los profesionales de la Direcci√≥n de Medicina Forense al realizar la pericia que les fue encargada. Seg√ļn se estipul√≥, padec√≠a de¬†‚Äúcuadros depresivos y ataques de p√°nico‚ÄĚ.¬†Eso tendr√≠a que haber sido advertido por un profesional antes de operarla. ‚ÄúDebi√≥, mediante preguntas, lograr un relato completo de J.D. que lo llevara a evaluar cuidadosamente la (im)pertinencia de las cirug√≠as a realizar, y dejarlo asentado en documentos, en su historia cl√≠nica o como parte del consentimiento informado‚ÄĚ.

‚Äú El suceso individual de J.D. debe ser valorado como parte de las formas de violencia perpetradas en perjuicio de las mujeres conforme se encuentran tipificados en la ley 26.485, y los graves descuidos de F.J.S.M. como cometidos en un contexto de violencia Resulta necesario encuadrar el contexto de violencia en el que ocurrieron los hechos, dejar bien en claro que este tipo de procedimientos aun cuando sean decididos con absoluta voluntad por las mujeres, ocurren en el √°mbito de una sociedad que les impone un¬†est√°ndar de belleza¬†que, en caso de no cumplirlo, ser√°n expuestas a¬†cr√≠ticas y tratos discriminatorios‚ÄĚ,¬†a√Īadi√≥ el fallo.

As√≠, a√Īadi√≥, ‚Äúlo que ha denominado ‚Äúviolencia est√©tica‚Ä̬†es un tipo de violencia sexista cuyo estudio demuestra que existen buenas razones para que sea visibilizada en las investigaciones penales y tomada como abordaje de pol√≠ticas p√ļblicas concretas‚ÄĚ. Y a√Īadi√≥: ‚Äúese conjunto de narrativas, representaciones, pr√°cticas e instituciones que ejercen una presi√≥n perjudicial y formas de discriminaci√≥n sobre las mujeres, para obligarlas a responder al canon de belleza imperante, y el impacto que tiene en sus vida‚ÄĚ.

‚ÄúEste es el contexto situado de comisi√≥n de los hechos que como jueza tengo el deber de dejar plasmado en cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos con relaci√≥n a la investigaci√≥n, erradicaci√≥n y sanci√≥n de la violencia que sufren las mujeres. Ello, sin perjuicio de dejar en claro que¬†no cuento con informaci√≥n sobre los motivos por los cuales la v√≠ctima ha decidido someterse a las cirug√≠as que le fueron practicadas,¬†y ser√≠a imposible conocerlos de su propia voz dado que est√° f√≠sicamente impedida de hacerlo y, seg√ļn las constancias del caso, esa situaci√≥n es irreversible‚ÄĚ

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