Leandro Orozco: música, poesía y una historia de vida convertida en mensaje de esperanza

El músico villamercedino pasó por Resistencia Cultural, donde compartió canciones, poesía y parte de su historia.

Hay canciones que simplemente se escuchan. Y hay otras que encuentran un lugar mucho más profundo, llegan cuando una persona necesita ponerle nombre a algo que lleva adentro, cuando una historia encuentra una melodía o cuando una voz consigue decir aquello que durante mucho tiempo permaneció en silencio.

Para Leandro Orozco, la música transita justamente ese territorio.

El artista villamercedino visitó Resistencia Cultural y convirtió el estudio de VMI Radio en un pequeño escenario. Entre canciones, charlas y recuerdos, habló de su presente artístico, de aquello que está preparando para fin de año y, sobre todo, de una relación con la música que excede cualquier definición de técnica o profesión: cantar es, para él, una forma de expresar lo que siente.

“Me gusta subirme al escenario, me gusta cantar, me gusta expresar lo que siento”, contó durante la entrevista. Y agregó una frase que resume buena parte de su vínculo con el arte: no sabe si lo hace bien o mal, pero lo hace porque le hace bien.

Después de un período de distancia de la guitarra, Leandro está volviendo. Tiene poesías escritas que todavía esperan convertirse en canciones y trabaja nuevamente sobre un repertorio que lo representa. Reconoce que la constancia podría llevarlo todavía más lejos, pero también entiende que regresar ya es, en sí mismo, un logro.

Su idea es cerrar el año con una presentación y, aunque todavía no hay una fecha definitiva, el proyecto ya comenzó a tomar forma. Para ese encuentro quiere abordar canciones que nunca había interpretado y dedicar el show a una banda que tiene un significado especial para él: Sueño del Pescado, vinculada a la figura de Manuel Rodríguez.

Leandro encuentra en esas canciones algo más que melodías. Encuentra historias, emociones y experiencias con las que puede establecer un diálogo íntimo. Según explicó, determinadas letras le permiten mirar su propio pasado, entender su presente y recordar de dónde viene y hacia dónde quiere ir.

En su recorrido por la escena musical, Leandro también puso el foco en una realidad que conoce de cerca: la importancia de acompañar a los artistas locales.

Defiende la necesidad de valorar el trabajo que existe detrás de cada banda, incluso cuando todavía no tiene un público masivo. Para él, estar presente, escuchar y acompañar también es una manera de sostener una escena que muchas veces necesita encontrar espacios para crecer.

Reconoce que los tributos convocan a mucha gente, algo que no cuestiona, pero plantea que el rock local también merece esa presencia. En Villa Mercedes observa una escena que sigue generando movimiento, con proyectos y músicos jóvenes que empiezan a hacerse escuchar.

En ese camino aparecen nombres como Cristalina, Tradición Rock y Hormiga RnR, entre otros proyectos que están construyendo su propia identidad.

Y Leandro quiere ser parte de ese movimiento, desde el lugar que encontró para hacerlo: una guitarra, una voz y la necesidad de compartir aquello que lleva dentro.

Durante la entrevista, la conversación tomó un rumbo más profundo. Leandro habló de un proceso personal que lo llevó a encontrar nuevas herramientas para expresarse y contó que actualmente se identifica como una persona en recuperación de un consumo problemático. En ese recorrido encontró un espacio que, según su experiencia, le permitió iniciar un proceso profundo de transformación.

Hoy intenta convertir esa experiencia en acompañamiento para otras personas. Junto a un grupo de contención, participa de encuentros destinados a personas y familias que atraviesan diferentes problemáticas. El espacio funciona los martes, desde las 18:30, en el Salón Parroquial de la Parroquia Sagrado Corazón, ubicado en General Paz 1078. La propuesta, explicó, busca brindar contención y compartir herramientas desde las experiencias de quienes atravesaron situaciones similares.

Pero hay algo que Leandro remarcó especialmente: no se trata de tener todas las respuestas, sino de mostrar que existen alternativas y que pedir ayuda es posible.

Durante una semana de concientización pudo llevar su testimonio a escuelas y compartir su experiencia tanto con adolescentes como con adultos. Su mensaje para los más jóvenes fue sencillo y contundente: disfrutar las distintas etapas de la vida, aprovechar las oportunidades y entender que siempre existen otras maneras de transitar las dificultades.

Después de aquellas jornadas, aseguró que se llevó algo más que una experiencia: la posibilidad de abrirse a nuevas alternativas y transmitir a otros la importancia de hablar, buscar ayuda y encontrar un espacio donde sentirse contenidos.

Quizás una de las imágenes más fuertes que dejó la entrevista fue justamente esa: sacar lo que uno lleva adentro.

Leandro contó que encontró en su instrumento y en su voz una forma de soltar emociones que muchas veces resulta difícil expresar hablando. No se define como cantante profesional ni busca presentarse desde ese lugar. Lo suyo nace, fundamentalmente, del amor por la música y de la necesidad de compartirla.

Y esa mirada también atraviesa sus elecciones musicales.

En Resistencia Cultural interpretó canciones cargadas de significado para él. Cada una abrió una puerta diferente: el pasado, las relaciones, las heridas, la mirada sobre lo material y la búsqueda de aquello que realmente tiene valor.

Después de interpretar “Fantasmas”, explicó que la canción representa mucho de su historia y que existe una identificación particular con esas letras que hablan desde experiencias que pueden resultar comunes para quienes atravesaron determinadas situaciones.

Más tarde llegó “Amores tóxicos”, una canción que permitió hablar no solamente de las relaciones de pareja, sino también de aquellos vínculos familiares o de amistad que pueden volverse dañinos.

Y finalmente, “El Príncipe de la Opulencia”, otra elección atravesada por su propia interpretación de las letras y por una reflexión sobre la apariencia, lo mundano y las personas que buscan sacar provecho de los demás.

Tres canciones. Tres historias. Tres maneras de decir algo sin necesidad de explicarlo todo.

Porque ahí aparece quizás el verdadero lugar que Leandro encontró en la música: el de poder transformar emociones en sonido y convertir una experiencia personal en algo que pueda llegarle a alguien más.

Hay algo profundamente humano en volver a agarrar una guitarra después de haber estado lejos de ella.

Leandro lo sabe. Por eso, más allá de cómo resulte técnicamente una canción, para él existe una cuestión mucho más importante: animarse a hacerla, volver a intentarlo, sostener la iniciativa y no quedarse quieto.

Su regreso a la música no parece ser solamente un regreso artístico. Es también una forma de reconocerse nuevamente.

Y mientras prepara lo que será su próxima presentación, continúa escribiendo, tocando, compartiendo escenarios y difundiendo músicos que admira. También sigue participando de espacios donde su propia historia puede convertirse en una palabra de aliento para alguien que todavía está buscando una salida.

“No es figurar”, explicó al hablar de su trabajo con personas que atraviesan situaciones difíciles. Su deseo, dijo, es que otros puedan tener la oportunidad que él tuvo y que, algún día, quienes logren atravesar ese proceso también puedan convertirse en voceros y mensajeros de esperanza.

Quizás por eso su manera de entender la música tenga tanto que ver con su manera de entender la vida. No hace falta que todo sea perfecto. Hace falta que sea verdadero.

Y Leandro Orozco parece estar volviendo justamente a eso: a una guitarra, a una voz y a esas canciones que, de alguna manera, todavía tienen cosas para decir.