Octubre Rosa: la carta de Lizy Cafure que invita a cuidar la salud y dejar de postergar la vida

Después de atravesar el cáncer de mama, Lizy quiso compartir un mensaje de gratitud, cuidado y esperanza.

 

Lizy Cafure tiene 52 años, es docente, mamá, abuela y lleva adelante un emprendimiento. Su vida reúne distintos roles, vínculos y proyectos que forman parte de quien es. Al compartir su experiencia con el cáncer de mama, también nos acerca a esa mujer que hoy agradece estar acá y mira con otros ojos los momentos simples de cada día.

Lizy quiso hacer un reel. Quiso ponerle voz a una carta que había escrito al comenzar octubre, pero las emociones se lo hicieron difícil. Entonces decidió compartirla por escrito, con un deseo sencillo: que llegara a otras personas y que, al menos una, comprendiera la importancia de cuidarse.

“Te la regalo”, dijo al entregar sus palabras.

En ese gesto hay algo íntimo y generoso. Hablar de lo que dolió puede volver a acercarnos al miedo. Lizy abrió esa parte de su historia para agradecer, acompañar y recordar que la salud también necesita un lugar entre tantas obligaciones.

Su carta empieza con un mate en la mano y las lágrimas agolpándose en los ojos. Desde esa escena cotidiana, agradece haber llegado hasta acá, sentir la brisa en la cara, estar viva.

Es una imagen pequeña, reconocible. Podría ocurrir en cualquiera de nuestras casas. Sin embargo, en sus palabras, ese momento tiene el peso de todo lo atravesado.

Las cosas que dejamos para después

A menudo vivimos esperando que llegue otra etapa. Que termine una semana difícil, que haya menos trabajo, que se acomoden las cuentas, que aparezca el momento indicado. Mientras tanto, una charla queda pendiente, un encuentro se aplaza y el descanso ocupa el último lugar de la lista.

La carta de Lizy invita a mirar esas pequeñas postergaciones. A preguntarnos cuánto de lo que deseamos ya está cerca y cuántas veces pasamos de largo.

Sentir el aire en la cara. Compartir un mate. Escuchar a alguien sin preparar la respuesta. Sonreír sin que haya una cámara delante.

Después de atravesar la enfermedad, Lizy cuenta que mira la vida de otra manera. La compara con un hermoso hotel en el que somos pasajeros y expresa sus ganas de disfrutar el tiempo que permanece allí.

Su reflexión nos alcanza porque toca una certeza que solemos mantener lejos: el tiempo con quienes queremos es limitado. Una noticia puede cambiar nuestra manera de imaginar el futuro. Y aquello que parecía cotidiano puede adquirir, de pronto, un valor inmenso.

No hace falta convertir cada día en una experiencia extraordinaria. A veces, disfrutar la vida empieza por prestar atención al día que ya tenemos.

Las manos que estuvieron

En su relato también hay miedo. Dolió el diagnóstico, asustó la espera y apareció la duda de si podría atravesarlo.

Lizy recuerda las manos que tomaron la suya. Las palabras de aliento. Y también esos momentos en los que las palabras dejaron de hacer falta porque hubo alguien dispuesto a quedarse y abrazarla.

Su agradecimiento da lugar a quienes acompañan: personas que también sienten miedo, que muchas veces lloran a escondidas y que necesitan ser escuchadas.

Es una parte especialmente humana de la carta. El cuidado circula entre personas que tienen sus propios cansancios e incertidumbres. Quien sostiene también puede necesitar una mano.

Lizy incluso dedica unas líneas a quienes no supieron quedarse. Lo hace con una mirada comprensiva, sin esconder lo difícil que puede ser acompañar cuando la vida cambia.

Una sonrisa para ella misma

Entre los pasajes más íntimos de su mensaje aparece el deseo de sonreír para sí misma. De mirar sus cicatrices, reconocer lo vivido y abrazar a la mujer que es hoy.

Sus palabras muestran que una persona tiene una historia mucho más amplia que su enfermedad. Hay afectos, deseos, recuerdos y proyectos. Hay momentos difíciles que dejan marcas, y también cosas hermosas que todavía quiere vivir.

La esperanza que Lizy comparte pertenece a su experiencia. Cada persona atraviesa el cáncer de una manera distinta y merece cuidado, escucha y acompañamiento, también en los días en que no puede sentirse fuerte.

En su carta hay espacio para las lágrimas. Hay espacio para agradecer a quienes estuvieron cuando ella sentía que no podía.

Cuidarse también merece tiempo

En este Octubre Rosa, dedicado a la concientización sobre el cáncer de mama, su testimonio acerca una experiencia personal a un mensaje de salud: la importancia de consultar y realizar los controles indicados. La detección temprana mejora las posibilidades de tratamiento y curación; la mamografía es una herramienta fundamental para detectar la enfermedad en etapas iniciales.

Lizy quiso que su carta llegara a alguien. Que una persona se detuviera, la leyera y comprendiera la importancia de cuidarse.

Quizás esa persona esté leyendo ahora. Quizás tenga un turno pendiente, una consulta que viene aplazando o alguien a quien necesita pedirle compañía.

Y quizás, después de leer, encuentre también un momento para sentarse con un mate, sentir la brisa y llamar a esa persona con la que hace tanto quiere conversar.

Lizy compartió sus palabras para agradecer haber llegado. Al hacerlo, nos dejó una invitación a mirar con más atención la vida que sucede mientras hacemos planes.

Hoy, 1 de octubre, con un mate en la mano y las lágrimas agolpándose en mis ojos, decidí
decir gracias.
Gracias por haber llegado hasta acá.
Por poder sentir la brisa en mi cara.
Por estar viva.
Por poder decir:
Lo logré.
Sí, lo logré.
Dolió el diagnóstico.
Asustó la espera.
Asustaron los síntomas.
Y también asustó pensar que, quizás, no podría.
Pero fue ahí cuando aparecieron esas manos que tomaron la mía y me dijeron:
“Podés.”
Y cuando realmente no podía, no hicieron falta palabras.
Estuvieron.
Me abrazaron.
Hoy miro la vida de otra manera.
Como si fuera un hermoso hotel cinco estrellas en el que somos pasajeros.
Y mientras esté acá, quiero disfrutarlo.
Quiero vivirlo.
Estas palabras son para vos, que estás atravesando esa enfermedad que tanto asusta: el
cáncer.
Y también son para vos, que acompañás y muchas veces humedecés tus ojos a
escondidas.
A quien está transitando un cáncer, quiero tomarle la mano, abrazarlo y decirle:
Se puede.
Cada día cuenta.
Nunca dejás de brillar.
Quizás tu pelo ya no baile cuando sople el viento y suene una canción…
pero recordá algo:
las estrellas también lloran y, aun así, nunca dejan de dar luz.
Y a quien acompaña, también quiero abrazarlo.
Porque muchas veces nadie cuida al cuidador.
Nadie escucha su corazón triste.
Nadie mira detrás de su sonrisa.
Ellos también tienen miedo.
Ellos también sufren.
Y, aun así, se convierten en nuestro pilar.
Y si no supiste acompañar y decidiste irte, está bien.
No todas las personas saben quedarse cuando la vida se pone difícil.
Y eso no necesariamente las convierte en malas personas.
Durante mucho tiempo podemos preguntarnos:
“¿Por qué a mí?”
Hasta que un día cambiamos la pregunta:
“¿Y por qué no a mí?”
Y entonces algo cambia.
Hoy empieza octubre.
Un mes que toca profundamente a quienes transitamos o transitan un cáncer de mama.
Yo solamente quería llegar.
Llegar para agradecer.
Para sonreír.
Pero no sonreír para una foto.
Sonreír para mí.
Para mirar mis cicatrices y entender que son el mapa de un momento difícil que abrazo,
pero que no me define.
Para abrazar a la mujer que soy hoy.
Y para recordar todo lo hermoso que todavía queda por vivir.
Podemos hablar de Dios.
Podemos pedirle.
Pero también tenemos que convertirnos en verbo:
amar, acompañar, abrazar, cuidar, vivir.
No siempre podemos elegir lo que nos toca atravesar.
Pero sí podemos elegir qué hacer con ello.
Y yo…
yo, Lizy, elegí vivir.
Cuidate.
Controlate.
Un control puede llevarte un día.
El cáncer puede cambiarte una vida.