
Argentina ha sido atravesada históricamente por dañinos procesos inflacionarios que siempre impactan en los sectores laborales más vulnerables, esto ha llevado a qué las negociaciones salariales sean siempre y en todo lugar una situación conflictiva. Gobiernos y gremios se disputan una frágil tensión entre los aumentos de precios y que los salarios no sean licuados por dichos incrementos, el objetivo principal es que los ingresos se mantengan al nivel de la inflación.
Ahora bien, ¿qué pasa con algunos sectores no sindicalizados?, y aquí es donde realizaré un enfoque en los miles de empleados policiales que en pleno siglo XXI no disponen de herramientas institucionales para plantear algún tipo de reclamo, una situación que no solo la podemos observar en Argentina, sino también en muchos países de la región.
En los últimos tiempos la sociedad ha sido testigo de una suerte de estallidos innecesarios y evitables, en dónde las fuerzas de seguridad, casi siempre provinciales han llegado al extremo de tomar medidas perjudiciales para el ordenamiento social. Autoacurtelamientos, huelgas, reducción de la prestación del servicio, bloqueo de dependencias policiales etc.
Estás medidas siembran el caos, porque indefectiblemente son aprovechadas por la delincuencia para cometer sus propósitos, además generan desconfianza en los mismos ciudadanos que se sienten desprotegidos, enfocando su descontento con los uniformados.
Los Gobiernos Provinciales y Nacionales siempre reaccionan con la misma herramienta legal (Art.229°/230° CP); LAS FUERZAS DE SEGURIDAD NO TIENEN DERECHO A HUELGA. Utilizan la palabra SEDICIÓN. Ahora desglosando dicho término podemos definirlo como: Conducta de servidores militares o policiales que empleen armas con el fin de impedir transitoriamente el libre funcionamiento del régimen constitucional. En otras palabras es una conducta abierta, como el discurso y la organización, que tiende a la insurrección contra el orden establecido. La sedición a menudo incluye la subversión de una constitución y la incitación al descontento o la resistencia contra la autoridad establecida.
Juan Carlos Ruíz Vásquez, doctor en Política por la Universidad de Oxford y especialista en el funcionamiento de la policías, menciona en varios artículos que a diferencia de Latinoamérica, países europeos cuentan con gremios policiales bien organizados y fuertes, dónde en muchos casos tienen representación pero “Sin derecho a Huelga”, estos han logrado que los sueldos estén siempre equiparados con otros servidores públicos. Estos organismos de representación funcionan como intermediarios entre los gobiernos y los empleados policiales.
Debemos mencionar que muchos países definen en sus leyes orgánicas a la función de seguridad pública, como personas civiles con la misión de brindar profesionalmente la tarea de policía y vestir un uniforme identificatorio.
A diferencia de nuestra región en donde Argentina considera a las fuerzas policiales provinciales y nacionales como Fuerza Armada Militarizada, allí recae la prohibición expresa del derecho a huelga.
Ahora haciendo enfoque en nuestra Provincia, nuestra institución policial ha sufrido infructuosamente situaciones de esta naturaleza, en muchos casos siendo las familias de policías las que encabezan los reclamos, casi siempre por temor a represalias y despidos arbitrarios, dónde fueron apartados por la aplicación de leyes improvisadas de purga, declaración de emergencia y hasta diría simples “balurdos” tomados de otras Fuerzas y otras Provincias.
Las causas de la NO sindicalización en San Luis son muchas. Algunas son internas y explican por qué a veces son los propios agentes los que rechazan esa posibilidad.
El rechazo social es otro factor, porque los gobiernos de turno se encargan de desacreditar el reclamo legítimo, enmascarandolos de berrinches aislados de un puñado de SEDICIOSOS. Sin contar que en algunos casos hasta se los ensuciara falazmente de tener connotación política.
La realidad es evidente, simple de entender, la precariedad choca con el profesionalismo, los agentes policiales merecen tener un salario digno, como cualquier otro empleado, es inmoral desconocer que los uniformados son padres de familia, hijos, hermanos, sustentos principales, que son alcanzados por las mismas vicisitudes e incertidumbres de cualquier ciudadano, y que deben gozar de los mismos privilegios e idénticas obligaciones. Se merecen que en su descanso asentar la cabeza en la almohada sin la preocupación de cómo “llegarán a fin de mes”, cómo pagarán sus cuentas o qué futuro podrán proyectar para sus hijos.
Un claro ejemplo de lo que hablo es la “exitosa” convocatoria para el personal en retiro, que luego de haber cumplido en casi todos los casos con más de 20 años de servicio, se vieron en la necesidad de responder al llamado para trabajar nuevamente, conducir patrullas o fijar puestos en distintos edificios públicos (Hospitales y Nosocomios), todo ello por un incremento extra a su jubilación de poco menos del 40% de sus ingresos. Está situación aunque sea una medida para reforzar la seguridad, no deja de ser un simple apósito a la crisis de crecimiento que atraviesa nuestra institución (mencionado en un artículo anterior).
Los parvos sueldos policiales, aquí y en todas partes, comprenden un fenómeno desfavorable para todos los partícipes del sistema, promueven situaciones que hieren de muerte a las instituciones, hoy nuestros uniformados visualizan pocas salidas a este fenómeno; buscan un segundo trabajo, algún emprendimiento, piensan más en el retiro prematuro que en hacer carrera, o en el peor de los casos caen en actos de corrupción.
He llegado a pensar que está situación es a lo menos expresamente buscada, tocará desentrañar más profundamente las verdaderas causas de la negativa a un sano y serio proceso de sindicalización policial, o nos conformaremos con pensar que detrás de todo existe una clara sujeción al poder de turno, alimentando un perverso mecanismo para utilizar la institución discrecionalmente.
Considero que no es tan alocado, o antidemocrático pensar que nuestra policía disponga en un futuro cercano de un gremio serio, responsable, consensuado y bien formado, que represente los intereses y el bienestar de nuestros efectivos, que sean abrazos por lo citado
en el Art. 14 bis de nuestra CN, y que al menos sean incluidos en paritarias salariales, como lo hacen otras reparticiones públicas.
En los tiempos modernos que vivimos deberíamos despojarnos del lastre y los prejuicios de leyes extemporáneas del pasado, que fueron pensadas para momentos más oscuros de nuestra historia.
Fuentes:
Juan Carlos Ruíz Vásquez, doctor en Política por la Universidad de Oxford, nota 14/12/2013, sindicatos policiales
Antiguas metáforas de nativos americanos, TEORIA DEL CABALLO MUERTO Autor desconocido.
Mauricio Lopez Alvarado, artículos sobre su experiencia en investigaciones socio urbanos en la Universidad de Guadalajara México .Ley N° X-0981-2017 – Ley Orgánica Policial.
Pablo Andrés Quiroga


