Tras su fallecimiento este lunes a los 88 años, el Papa Francisco tendrá el ritual fúnebre que él mismo había reformado, con el deseo de que fuera una despedida sencilla y austera, en línea con su estilo de vida como pontífice.
A partir del miércoles 23 de abril por la mañana, los fieles podrán acercarse a la Basílica de San Pedro para despedirse. El cuerpo de Jorge Mario Bergoglio será expuesto en un ataúd abierto, y el velatorio se extenderá durante al menos dos días, con la llegada prevista de miles de peregrinos a Roma.
Un funeral marcado por la sobriedad
Antes del velorio público, se realizará el rito de constatación de la muerte y colocación del cuerpo en el féretro, el lunes a las 20:00, presidido por el Cardenal Kevin Joseph Farrell, Camarlengo de la Santa Romana Iglesia.
La liturgia fúnebre del Papa se celebrará durante nueve días consecutivos, tal como establece la tradición vaticana, y el entierro debe concretarse entre el cuarto y sexto día después del fallecimiento, salvo por causas excepcionales.
En una entrevista previa a su muerte, Francisco había adelantado que quería un funeral “sencillo”, como el de Benedicto XVI en enero de 2023, y que deseaba ser enterrado en la Basílica de Santa María la Mayor, una de las cuatro más importantes de Roma.
Tres lugares clave para la despedida
Las celebraciones seguirán el esquema tradicional que incluye tres escenarios fundamentales:
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La residencia papal (Casa Santa Marta, donde vivía Francisco).
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La Basílica de San Pedro, donde será velado.
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El lugar de sepultura, esta vez en Santa María la Mayor, que reemplazará a las Grutas Vaticanas, donde suelen descansar los Papas.


