El 7 de mayo comenzará el cónclave para elegir al sucesor del papa Francisco y, con él, uno de los rituales más solemnes y llamativos de la Iglesia Católica volverá a ponerse en marcha: el escrutinio secreto que incluye coser las papeletas de votación con aguja e hilo rojo, como si fueran cuentas de un rosario.
Este procedimiento forma parte del protocolo sagrado que garantiza el anonimato, la transparencia y la seguridad del proceso. Todos los cardenales electores quedarán aislados en la Capilla Sixtina, donde se comunicarán con el mundo exterior únicamente a través de la famosa fumata: negra si no hay acuerdo, blanca si ya hay nuevo Papa.
Paso a paso del voto más importante de la Iglesia
La palabra “cónclave” proviene del latín cum clave, que significa “con llave”. Esto refleja la tradición de encerrar a los cardenales hasta lograr los dos tercios necesarios para elegir al nuevo pontífice. El primer día, habrá una votación por la tarde. Luego, se realizarán hasta cuatro escrutinios diarios —dos por la mañana y dos por la tarde— hasta alcanzar el consenso.
Cómo se vota en el cónclave
Según informa el Arzobispado de Corrientes, el proceso se divide en tres fases: pre escrutinio, escrutinio y post escrutinio. En la primera, los cardenales reciben papeletas que dicen “Eligo in Summum Pontificem” (Elijo como Sumo Pontífice) y deben escribir a mano el nombre del elegido.
Luego, en orden de precedencia, los cardenales se acercan al altar, pronuncian un juramento y depositan su voto en la urna. Las papeletas se mezclan y se cuentan. Finalmente, tres cardenales escrutadores leen en voz alta cada uno de los nombres.
El momento del hilo rojo
Una vez leído cada voto, el escrutador perfora la papeleta en el lugar donde está escrita la palabra “Eligo” y la pasa por un hilo rojo, hilvanando todos los votos. Al final, se hace un nudo en los extremos del hilo y se procede a quemar las papeletas, generando la señal de humo que todos esperan.
Este rito no sólo protege la integridad del voto, sino que refuerza el misterio y la solemnidad de una de las decisiones más importantes del mundo católico.


