
Hay voces que no se inventan: se heredan, se cultivan y, con el tiempo, florecen. La de Gabriela Fernández nació entre viñedos, asados de cosecha y radios encendidas los domingos, cuando su abuelo ponía folclore y tango mientras el viento de Mendoza olía a tierra y uva.
“Mi abuelo era una historia viva del folclore”, recuerda ella, y en esa frase cabe todo lo que vino después: la niña que se subía a una silla para cantar, la adolescente que se animó a un bingo escolar, y la mujer que convirtió esa pasión en camino, en estudio, en destino.

Empezó en el rock pop, haciendo versiones melódicas de lo que sonaba en la radio. Pero el tiempo y la memoria hicieron su trabajo. La música de su casa, los callejones de tierra y las vendimias la llamaron de vuelta. Así nació su decisión más profunda: “Cantar lo que vivo, lo que mi cuerpo siente, lo que mi tierra me enseña.”
A los 19 ingresó a la Universidad Nacional de Cuyo para estudiar Música Popular. Allí, entre mates y guitarras, entendió que el folclore no era solo un género: era su idioma natural. Comenzó a recorrer escenarios de Mendoza, la Fiesta de la Vendimia, Americanto, las vendimias distritales, hasta que su voz traspasó fronteras: Cosquín, México, Chile, Colombia. Cada escenario, dice, fue distinto, irrepetible, como un fuego nuevo.
“Cada show es único, porque la gente nunca es la misma, y lo que se genera es mágico”, cuenta.
Esa misma energía la acompaña hasta hoy, en un presente donde se consolida como una de las voces cuyanas más representativas de su generación.
Tiene dos discos editados: Imaginero, un viaje íntimo a su infancia y su paisaje, y Viaje, donde la emblemática “Cueca Hembra” (la cueca de las mujeres) se transformó en un canto colectivo, bailado en festivales y compartido por artistas de todo el país. Pronto saldrá su tercer trabajo, un EP de seis canciones propias. “Son mis temas, mis historias. Es mi manera de seguir habitando la música desde lo más personal.”
No es la primera vez que Gabriela pisa suelo mercedino. Participó del Festival Canta Cuyo y recuerda con cariño aquellas noches donde la música cuyana se mezclaba con los aplausos y los abrazos. “Villa Mercedes tiene algo muy especial: hay guitarreros en cada casa, una pasión viva.”

Este viernes 17 de octubre, esa historia compartida tendrá un nuevo capítulo: Gabriela Fernández se presenta en el “Boliche Don Miranda”, acompañada por el talentoso Federico Chavero, guitarrista, compositor y cantor de alma, con quien formó un dúo que enciende el escenario. También actuará Matías Chain y habrá invitados sorpresa, porque —como dice ella— “la música se agranda cuando se comparte”.
Para Gabriela, cada presentación es más que un recital: es un acto de comunión. “El arte tiene esa capacidad de transformar, de unir, de hacernos mirar distinto.” Por eso invita al público mercedino a ser parte de esta nueva noche de música, emociones y raíces.
“Espero que seamos muchos, para mirarnos, para crear juntos.” Y en esa frase, que parece simple, está su manifiesto artístico: cantar como quien siembra. Porque en la voz de Gabriela Fernández, la tierra sigue hablando.



