Maricruz presentó “Colibrí y el cuaderno de la abuela”, una historia sobre duelo y adolescencia

Autopublicación, redes sociales y referentes locales: el camino de una joven autora de Villa Mercedes.

Detrás del seudónimo Maricruz está Johana, una joven escritora de Villa Mercedes que decidió que su primer libro no llevara su nombre habitual, sino ese tercer nombre que hoy firma sus historias y, según dice entre risas, los libros que vendrán. No fue una decisión de marketing: fue una declaración de identidad. Porque escribir, para ella, siempre fue algo íntimo, casi secreto.

Desde los doce años, la escritura la acompaña como una forma de entenderse. En la preadolescencia llenaba hojas con poemas, cartas y relatos de amor, textos que nacían del corazón… y terminaban en la basura. No estaban pensados para ser leídos. Eran un refugio.

Ese vínculo silencioso con la palabra cambió en noviembre de 2024, después de una charla que la sacudió. Una conversación sobre la muerte, los abuelos y las despedidas que no suceden. La confesión de alguien cercano —que no había podido despedirse de su abuela— abrió una pregunta incómoda: ¿qué hubiese hecho yo en su lugar? A partir de ahí, la escritura dejó de ser solo catarsis y se transformó en proyecto.

Así nació “Colibrí y el cuaderno de la abuela”, un libro que se anima a hablar de lo que muchas familias evitan: la enfermedad terminal, la muerte y el duelo en la adolescencia. La historia gira en torno a Mercedes, una abuela de 53 años que recibe un diagnóstico devastador: cáncer de estómago y apenas tres meses de vida. Su mayor preocupación no es ella, sino cómo decirle la verdad a Colibrí, su nieta de 17 años. Desde ese momento, comienza una carrera contra el tiempo para dejarle algo que la acompañe cuando ya no esté.

Maricruz no esquiva el golpe emocional. Al contrario: cree que la lectura en la adolescencia es clave para poner en palabras lo que duele y no sabemos explicar. Por eso también decidió mostrarse más activa en redes sociales, con un objetivo claro: incentivar a los jóvenes a escribir y animarse a compartir lo que sienten, incluso —y especialmente— desde una ciudad como Villa Mercedes.

“Los referentes locales importan”, sostiene. Porque ver a alguien cercano publicar un libro puede encender esa chispa que dice si ella pudo, yo también.

El camino no fue fácil. Eligió autopublicarse por una cuestión económica y terminó siendo su propia editora: registró la obra en la DNDA, corrigió el texto una y otra vez, pagó el ISBN y los derechos de autor. Un proceso tan liberador como agotador. “Es difícil tomar distancia de la historia —confiesa—, cada vez que releía, seguía escribiendo”.

En enero de 2025, el libro llegó a Mercado Libre y poco después fue presentado en la Feria de Librerías, Editoriales y Autores Independientes, en la plaza Sesquicentenario, donde realizó la presentación del libro digital. Autopublicarse le dio libertad total: elegir el tema, el momento, el lugar. Pero también la obligó a hacerse cargo de todo: logística, correcciones, difusión y ese arte complejo de contar de qué trata un libro sin arruinar la historia.

Lejos de detenerse, Maricruz ya pisa el acelerador. Está terminando el final de su tercer libro, que forma parte de la saga Colibrí. En paralelo, se prepara para recibirse en marzo, con tres finales por rendir. Agenda llena, cabeza encendida.

¿El sueño más ambicioso? Que Colibrí llegue al cine. Y no en cualquier lado: que la película se filme en Villa Mercedes. Porque las historias grandes también nacen en ciudades chicas. Y porque alguien tenía que animarse a escribirlas.