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Brasil quiere asegurarse 70 millones de dosis de la vacuna de Oxford para distribuirlas en el país a partir de enero

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Incapaz aún de contener el avance de la pandemia, Brasil tomó la delantera en Latinoamérica en la carrera por la vacuna contra el nuevo coronavirus al apostar por los ensayos clínicos de dos de ellas, una de la Universidad de Oxford y otra de un laboratorio chino. Ambas se encuentran en la tercera y última fase antes de su homologación.

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El gigante sudamericano se encuentra en una posición privilegiada para acceder a la vacuna, pero la llegada de la misma debería tomar algunos meses, indicaron fuentes a la revista Veja. Además de participar en los estudios, el país cerró un acuerdo con la compañía farmacéutica británica Astrazeneca, responsable de la producción y distribución de la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford, para garantizar la fabricación y compra de 30,4 millones de dosis.

Las pruebas de la vacuna de Oxford contra el COVID-19 (EFE/Joédson Alves)

De esta cantidad, se espera que la mitad llegue en diciembre y la otra mitad en enero de 2021, ya lista para ser aplicada. Si la vacuna tiene resultados positivos, se recibirán más de 70 millones de dosis en total.

Hoy es un momento histórico para la ciencia brasileña”, dijo en una rueda de prensa el gobernador del estado de San Pablo, Joao Doria, en alusión a la llegada este lunes de las 20.000 dosis de la vacuna creada por el laboratorio chino Sinovac.

A partir de este martes, unos 9.000 voluntarios, todos ellos trabajadores de la área de la salud, comenzarán a recibir las dosis en San Pablo, la región más poblada, con unos 46 millones de habitantes, y rica de Brasil, aunque las pruebas se extenderán a otras regiones del país.

Esta es la segunda vacuna que la agencia reguladora local Anvisa libera en Brasil, pues a principios de junio ya autorizó el ensayo clínico de la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford, en el Reino Unido.

Aplicada en 50.000 voluntarios en todo el mundo, la vacuna británica ya ha sido testada en más de 1.300 brasileños, aunque la previsión es llegar a un total de 5.000: 2.000 en San Pablo; 2.000 en Bahia (nordeste); y 1.000 en Río de Janeiro, bajo la conducción de la Universidad Federal de San Pablo (Unifesp) y la Fundación Lemann.

¿Por qué Brasil?

Pese a la postura escéptica del presidente Jair Bolsonaro -quien acabó por contagiarse de la enfermedad que desdeñó en varias ocasiones-, el país presenta una combinación atractiva para los investigadores y las compañías farmacéuticas que buscan una solución a la pandemia.

“Además de tener profesionales, infraestructura y agencia regulatoria”, Brasil cuenta aún con “una curva elevada de casos que atrae a los estudios sobre la eficacia de las vacunas”, porque las pruebas “tienen que hacerse cuando las personas vacunadas todavía están expuestas al virus”, explicó una entrevista con EFE la investigadora brasileña Sue Ann Costa Clemens.

Poco más de cuatro meses después de registrar la primera víctima mortal por la COVID-19, el gigante sudamericano ya suma cerca de 80.000 decesos causados por la enfermedad y supera los 2 millones de contagios, que lo convierten en el segundo más afectado en el mundo, solo por detrás de Estados Unidos.

Costa Clemens es jefa del Instituto de Salud Global de la Universidad de Siena, investigadora del Centro de Referencia para Inmunobiológicos Especiales (Crie) de la Universidad Federal de San Pablo (Unifesp) y consultora sénior de la Fundación Bill & Melinda Gates para el desarrollo de las vacunas.

Resaltó también la importancia de que el país tenga “reconocimiento internacional en la producción de vacunas de calidad” y grandes dimensiones -casi del tamaño de Europa y con 210 millones de habitantes-, porque así se facilita el reclutamiento de “muchas personas en poco espacio de tiempo”.

Para el sistema de salud brasileño, apostar por la vacuna es sinónimo de poder producirla a nivel nacional y evitar así tener que importarlas, en caso de resultar efectivas, algo implícito en los acuerdos para realizar los ensayos.

“Tenemos que estar muy orgullosos de poder estar contribuyendo para intentar amenizar esta crisis mundial”, dijo Costa Clemens.

“No podemos quedarnos afuera” de las vacunas, abundó en junio el ministro interino de Salud, el general Eduardo Pazuello.

Empiezan las pruebas de la vacuna china

Unas 20.000 dosis de la vacuna creada por el laboratorio chino Sinovac llegaron este lunes a San Pablo, donde está previsto que comiencen hoy a ser aplicadas a 9.000 voluntarios, todos ellos trabajadores de la área de la salud.

“Si tenemos éxito, como esperamos tener, la vacuna será producida aquí en Brasil en el inicio del próximo año con más de 100 millones de dosis”, vaticinó el gobernador Dória.

El mismo optimismo marcó el discurso del doctor Dimas Covas, presidente del Instituto Butantan, el principal centro referente inmunológico del país, que coordina la aplicación de la vacuna china en Brasil.

Me preguntaron cuál era mi grado de optimismo entre el 0 y el 10 y contesté sin pestañear: 11”, aseveró el doctor, quien añadió que ésta es la vacuna “más avanzada en términos de histórico” por usar “una tecnología ya conocida”.

Las pruebas de la vacuna bautizada como CoronaVac, que tienen un coste estimado de 85 millones de reales (unos 15,7 millones de dólares), duraran tres meses y contemplan el suministro de placebo en algunos de los voluntarios.

De acuerdo con Anvisa, el órgano regulador del Gobierno brasileño, las dos primeras fases de la CoronaVac demostraron buenos resultados.

(Con información de EFE)

 

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