Cinco años sin respuestas: el caso Guadalupe Lucero sigue siendo una herida abierta en San Luis

A cinco años de su desaparición, la búsqueda de Guadalupe continúa sin detenidos ni certezas sobre lo ocurrido

SAN LUIS vive una de las causas más dolorosas e impactantes de su historia reciente. Este 14 de junio se cumplen cinco años de la desaparición de Guadalupe Belén Lucero Cialone, la niña de cinco años que fue vista por última vez durante un cumpleaños familiar en el barrio 544 Viviendas de la capital provincial.

Aquella tarde del 14 de junio de 2021 parecía transcurrir con normalidad. Familiares y amigos participaban de un festejo mientras los niños jugaban en la vereda. La escondida y la rayuela formaban parte de una escena cotidiana que cambió para siempre cuando una pequeña frase alertó a todos los presentes: “Guada no está”.

Desde ese momento comenzó una búsqueda desesperada que movilizó a toda la provincia y posteriormente al país. Sin rastros, sin testigos directos y sin evidencias concluyentes, la desaparición de Guadalupe se transformó en uno de los casos más complejos de la historia judicial argentina reciente.

Una búsqueda sin precedentes

Durante los primeros días se desplegaron intensos operativos policiales, rastrillajes, controles vehiculares y allanamientos en distintos puntos de San Luis. A medida que pasaban las horas, la hipótesis de una simple pérdida fue perdiendo fuerza y comenzó a instalarse la posibilidad de un secuestro.

La imagen de Guadalupe recorrió rutas, comercios, medios de comunicación y redes sociales. Miles de personas participaron en marchas, cadenas de oración y campañas de difusión con la esperanza de encontrar alguna pista sobre su paradero.

Sin embargo, los resultados nunca llegaron.

Cuestionamientos a las autoridades

La desaparición también generó fuertes cuestionamientos hacia las autoridades provinciales de aquel momento.

La familia criticó públicamente al entonces gobernador Alberto Rodríguez Saá por la demora en reunirse con ellos y por el escaso pronunciamiento oficial durante los primeros días de la búsqueda.

Las críticas también alcanzaron al entonces ministro de Seguridad, Luciano Anastasi, y al jefe de Policía de ese momento, Darío Neira, quien reconoció públicamente que durante la investigación se recurrió incluso a videntes en busca de información.

Con el paso del tiempo, surgieron interrogantes sobre las decisiones tomadas durante las primeras horas posteriores a la desaparición, consideradas fundamentales en cualquier investigación de este tipo.

Más de 180 líneas investigativas y ninguna respuesta

Tras meses de trabajo, la causa acumuló cifras que reflejan la magnitud de la investigación:

  • Más de 180 líneas investigativas
  • Más de 900 testimonios
  • 465 allanamientos
  • Más de 3.000 horas de grabaciones de cámaras de seguridad analizadas

A pesar de ello, no apareció ninguna prueba determinante que permitiera establecer qué ocurrió con la niña.

Seis meses después de la desaparición, el juez provincial Ariel Parrillis concluyó que Guadalupe no se encontraba en territorio puntano y dispuso el pase del expediente a la Justicia Federal.

A partir de entonces se realizaron nuevas medidas investigativas, incluyendo reconstrucciones integrales de los hechos y la repetición de diversos procedimientos. Sin embargo, tampoco se lograron avances concluyentes.

Hipótesis, sospechas y una causa bajo hermetismo

A lo largo de estos años surgieron distintas hipótesis, nombres y posibles pistas que parecían abrir nuevos caminos en la investigación.

Uno de los episodios más recientes fue la imputación del abuelo paterno de Guadalupe en una causa por abuso sexual, situación que motivó nuevos planteos de la familia materna, que cuestionó si había sido investigado con la profundidad necesaria dentro del expediente principal.

Hasta el momento, ninguna de esas líneas permitió esclarecer qué ocurrió con la niña.

Una imagen actualizada y una pregunta que sigue vigente

Cinco años después, la investigación continúa abierta.

La recompensa para quienes aporten información fue elevada a 20 millones de pesos, mientras que la imagen oficial de Guadalupe debió ser actualizada mediante técnicas de progresión facial para reflejar cómo podría verse actualmente, con 10 años de edad.

Mientras tanto, su familia sigue reclamando respuestas y justicia.

La rayuela que alguna vez estuvo pintada frente a la vivienda donde desapareció ya no existe. El paso del tiempo borró sus colores.

Pero hay algo que permanece intacto en San Luis: la esperanza de encontrar a Guadalupe y la pregunta que sigue resonando desde aquella tarde de junio de 2021.

¿Dónde está Guadalupe Lucero?