Por César Albarracín
Es muy difícil informar la muerte, especialmente cuando se trata de personas muy apreciadas. Federico Posada era un artista natural, que por alguna razón decidió transformar Villa Mercedes en su hogar. Siempre con una sonrisa en el rostro, el “gringo” derrochaba arte y amistad por todos lados.
El artista tenía un don natural para el dibujo de la anatomía, pero también poseía una particular estética que le permitía imaginar seres de otros mundos, dibujarlos, y hasta recrearlos como esculturas o disfraces. Algunos, que no conocían del alcance de su talento, lo podrán recordar como el payaso de IT que solía pasear por eventos, por las calles, o por las funciones de terror que se brindaban en la ciudad.

En el ambiente cultural, Fede fue maestro en talleres de dibujo en la Casa de la Cultura, realizó muestras, en diversos lugares, como en el Molino Fenix, y también fue el autor de tres murales que pueden verse junto a las salas de los Cines Fenix: el mural de Papo, el de Gilda, y el Rodrigo. “Son todas personas que murieron antes de lo que debían”, supo decir mientras los pintaba durante la noche, como presagiando lo que iba a suceder con su destino.
Pero el artista tenía mucho para dar, y entre sus aventuras figuró salir en un spot de la plataforma MAX con una de sus creaciones, o las impresionantes obras que plasmó en el bar “Haunted”, en Puerto Madero.

Lejos de nuestra ciudad, el martes comenzó a correr el rumor entre los artistas locales de que Federico se había quitado la vida. Muchos no querían creerlo, pero la noticia se confirmó.
En años tan difíciles para los artistas, no sabremos que hizo que ese joven de eterna sonrisa haya decidido abandonar este mundo, pero si que sus obras, su talento, y su amistad, dejaron huella en cada lugar que pisó.

Fotos: Noralí Quiroga


