Cada 4 de agosto, la Argentina celebra el Día del Panadero, una fecha que recuerda la creación de la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos, fundada en 1887, considerada el primer sindicato del sector en el país.
En Villa Mercedes, esta efeméride tiene un significado especial. Además de homenajear a quienes diariamente elaboran uno de los alimentos más tradicionales de la mesa argentina, también invita a recordar una parte fundamental del patrimonio gastronómico local: el nacimiento del pan rasqueta, una creación que trascendió generaciones y se convirtió en un sello distintivo de la ciudad.
La Mercedina, una panadería que marcó la historia de Villa Mercedes
Entre las panaderías históricas de la ciudad ocupa un lugar destacado la Panadería La Mercedina, cuya imagen aún permanece en la memoria colectiva de los mercedinos.
Ubicada en la esquina de Pueyrredón y Ayacucho, a pocas cuadras de la plaza fundacional, allí funcionaban el salón de ventas, el horno a leña y la cuadra donde el inmigrante italiano Pietro Gualdoni comenzó a desarrollar un producto que, con el tiempo, sería reconocido como una verdadera identidad gastronómica de Villa Mercedes.
El origen de la rasqueta
Impulsado por la necesidad de optimizar la producción y facilitar tanto el horneado como el transporte, Pietro Gualdoni ideó un pan de forma cuadrada, con un característico pliegue en uno de sus laterales.
Ese diseño no fue casual. Según relató Francisco Gualdoni, hijo de Pedro y nieto del creador, la forma recordaba a las herramientas utilizadas para raspar superficies.
“Le dio una forma parecida a las herramientas que se usan para raspar. Así le quedó el nombre de rasqueta”, recordó.
Con el paso de los años, aquel pan se transformó en una de las especialidades más reconocidas de la ciudad y continúa siendo uno de los productos más buscados por vecinos y visitantes.
Un reconocimiento a la familia Gualdoni
El legado de Pietro Gualdoni fue reconocido oficialmente durante la Primera Fiesta Provincial de la Rasqueta, realizada en diciembre de 2018.

En aquella oportunidad, la Municipalidad de Villa Mercedes, la Cámara de Panaderos y el Sindicato de Panaderos distinguieron a los descendientes del creador del tradicional pan.
La familia recibió el reconocimiento a través de Francisco, Elena, Beatriz y otros integrantes que continúan preservando la memoria de una historia profundamente ligada al crecimiento de la ciudad.
La celebración también permitió recuperar la receta original, difundir la historia del producto y consolidar otra especialidad que gana cada vez más seguidores: el sándwich de rasqueta, convertido hoy en un clásico de la gastronomía mercedina.
Una tradición que también llegó a Quines
Aunque el pan rasqueta nació en Villa Mercedes, con el tiempo la tradición también se extendió hacia otras localidades del norte puntano.
En Quines, por ejemplo, la rasqueta adquirió una forma similar a un libro y durante décadas fue elaborada por panaderías tradicionales como Alume, Viale y la recordada Panadería Central, de Sinibaldo Tobar, conocido popularmente como “El Chofer”.
Fuera de esa región, el pan rasqueta prácticamente no se produce, lo que refuerza su identidad como una elaboración típica de esta parte de San Luis.
Un patrimonio que sigue vivo
Más de un siglo después de su creación, la rasqueta continúa formando parte de la identidad culinaria de Villa Mercedes. Su historia refleja el espíritu emprendedor de los inmigrantes que ayudaron a construir la ciudad y demuestra cómo una idea nacida para mejorar la producción terminó convirtiéndose en uno de los símbolos gastronómicos más representativos de la región.
En este Día del Panadero, recordar la historia de La Mercedina, de Pietro Gualdoni y de la creación de la rasqueta es también reconocer el trabajo de generaciones de panaderos que mantienen viva una tradición que sigue acompañando la mesa de miles de familias.


