Día del Periodista: cuando el algoritmo empezó a decidir qué es noticia

Entre la búsqueda de la verdad y la carrera por la viralización, el periodismo enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia.

A 216 años de la aparición de la Gazeta de Buenos Ayres, la profesión atraviesa una transformación profunda impulsada por las redes sociales, la economía de la atención y la dependencia de los algoritmos.

Cada 7 de junio, Argentina celebra el Día del Periodista en homenaje a la aparición de la Gazeta de Buenos Ayres, el periódico fundado por Mariano Moreno en 1810 para comunicar las decisiones de la Primera Junta y contribuir a la construcción de una ciudadanía informada.

Más de dos siglos después, la pregunta sigue siendo la misma: ¿para qué sirve el periodismo?

La respuesta parece sencilla. Informar. Investigar. Controlar al poder. Dar voz a quienes no la tienen. Ayudar a comprender una realidad cada vez más compleja.

Sin embargo, en tiempos de redes sociales, plataformas digitales e inteligencia artificial, esa misión enfrenta desafíos inéditos.

Durante décadas, el periodismo compitió por conseguir la noticia antes que los demás. Hoy compite por captar atención.

La diferencia parece mínima, pero cambia todo.

En la actualidad, gran parte de la producción informativa está condicionada por algoritmos diseñados para maximizar clics, reacciones, tiempo de permanencia y compartidos. Lo que genera emociones intensas suele tener más alcance que lo que aporta contexto. Lo que provoca indignación circula más rápido que lo que invita a reflexionar.

Y en ese escenario, muchas veces la pregunta deja de ser “¿es importante?” para convertirse en “¿va a funcionar?”.

No se trata de responsabilizar únicamente a las redes sociales. También sería injusto desconocer que estas herramientas democratizaron el acceso a la información y permitieron que medios locales, periodistas independientes y nuevas voces encontraran espacios que antes estaban reservados para grandes grupos de comunicación.

El problema aparece cuando el algoritmo deja de ser una herramienta para transformarse en un editor invisible.

  • Cuando la lógica de la viralización comienza a definir agendas.
  • Cuando la espectacularización desplaza a la información.
  • Cuando el impacto emocional vale más que la verificación.
  • Cuando la velocidad importa más que la precisión.

El fenómeno atraviesa a medios grandes y pequeños. A periodistas experimentados y a quienes recién comienzan. Nadie está completamente al margen de una dinámica que premia lo instantáneo y castiga la profundidad.

Las consecuencias son visibles.

La proliferación de noticias falsas, la fragmentación de audiencias, la polarización política y la creciente desconfianza hacia los medios forman parte de una crisis que no puede explicarse únicamente por factores económicos o tecnológicos.

  • También existe una crisis de sentido.
  • Porque informar no es simplemente publicar contenido.
  • Un periodista no es un generador de publicaciones.
  • Una noticia no es un producto cualquiera.
  • Y una sociedad informada no puede construirse únicamente sobre métricas de rendimiento.

Quizás uno de los mayores riesgos de esta época sea la naturalización de que todo debe convertirse en espectáculo para ser consumido.

  • La tragedia convertida en tendencia.
  • La intimidad transformada en mercancía.
  • La indignación utilizada como combustible permanente.
  • El sufrimiento ajeno convertido en contenido.

En ese contexto, el periodismo tiene la obligación de recuperar una pregunta fundamental: ¿qué necesita saber la sociedad, aunque no sea lo más visto?

Porque muchas veces las noticias más importantes son precisamente aquellas que generan menos clics.

  • Las decisiones que afectan la economía de una ciudad.
  • Los problemas estructurales de la educación.
  • La realidad de los barrios.
  • La situación de la salud pública.
  • La transparencia en la gestión de los recursos.
  • Los debates que definirán el futuro.
  • Temas que rara vez compiten en igualdad de condiciones con el escándalo de turno.

En el Día del Periodista, más que una celebración, quizás corresponda una reflexión.

No sobre el pasado idealizado de una profesión que nunca fue perfecta.

Sino sobre el futuro que se quiere construir.

La tecnología seguirá avanzando. Los algoritmos serán cada vez más sofisticados. La inteligencia artificial transformará nuevamente las rutinas de trabajo.

Pero ninguna herramienta podrá reemplazar aquello que da sentido al periodismo: el criterio humano, la responsabilidad ética y el compromiso con la verdad.

Porque cuando el periodismo deja de servir a la sociedad para servir exclusivamente a los algoritmos, deja de cumplir su función esencial.

Y en tiempos de sobreabundancia informativa, ejercer un periodismo responsable tal vez sea más necesario que nunca.

Muchas gracias por leer hasta el final. Fabián Nuñez