Cada 20 de marzo, el mundo celebra el Día Internacional de la Felicidad, una fecha proclamada por la ONU en 2012 para destacar la importancia de la felicidad como un estado esencial en la vida de las personas. Este día no solo busca conmemorar la alegría, sino también promover la conciencia global sobre cómo la felicidad está ligada al bienestar, la equidad y el desarrollo sostenible.
El origen de esta celebración se remonta al Reino de Bután, un pequeño país en el sur de Asia que, en la década de 1970, propuso medir el progreso de su nación a través de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) en lugar del Producto Nacional Bruto (PNB). Bután organizó una reunión de alto nivel en la 66ª Asamblea General de la ONU, donde destacó la importancia de vincular el crecimiento económico con la felicidad y el bienestar de las personas.
En 2015, la ONU lanzó los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, que incluyen metas como erradicar la pobreza, reducir la desigualdad y proteger el planeta. Estos objetivos reflejan la idea de que la felicidad no es un lujo, sino un derecho universal que debe ser accesible para todos.
El lema de este año para el Día Internacional de la Felicidad es: “Mantén la calma, mantente sabio y sé amable”. Este mensaje invita a las personas a enfrentar las adversidades con serenidad, sabiduría y bondad, valores que contribuyen a construir una sociedad más justa y feliz.
Los Días Internacionales, como este, son una oportunidad para sensibilizar al público sobre temas cruciales, como los derechos humanos, el desarrollo sostenible y la salud mental. Además, buscan llamar la atención de los gobiernos y los medios de comunicación para impulsar políticas que promuevan el bienestar colectivo.
En resumen, el Día Internacional de la Felicidad es un recordatorio de que la felicidad no es solo un deseo individual, sino una meta global que requiere esfuerzos conjuntos para construir un mundo más equitativo, sostenible y solidario.


