Política

Emociones y decisiones a la hora del voto ¿Qué votamos cuando votamos?

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Ahora bien, que ni los/as ciudadanos/as, como tampoco los/as líderes políticos, toman decisiones políticas de manera enteramente racional, es la tesis con más evidencia a favor colectada en las últimas décadas.

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En este campo, surge la teoría de la inteligencia afectiva (TIA), como una alternativa a los modelos y postulados económicos y de primacía cognitiva en la toma de decisión.

Esta teoría desarrollada por George Marcus y colegas, se funda sobre los aportes de estudios provenientes de la neurociencia sobre emociones. Su nominación apunta a poner de relieve la artificialidad de la dicotomía cognición (razón) y emoción (pasión), dando lugar a una conceptualización integrada que atiende la temporalidad de los procesos afectivos preconscientes y conscientes, frente a la valoración del evento político.

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El axioma principal de la TIA, afirma que en un estado de vigilia normal, las valoraciones de múltiples evocaciones afectivas están disponibles y generan cambios en las evaluaciones estratégicas del mundo, sirviendo así al control temprano de las acciones. Debido a que, esas valoraciones ocurren antes de la conciencia, serán las más robustas y persistentes, las que se encontrarán disponibles de manera subjetiva.

De este modo, frente a eventos políticos familiares o conocidos, el sistema disposicional promueve estrategias más automáticas de decisión, basadas en hábitos y rutinas aprendidas para la consecución de objetivos. En cambio, cuando el evento resulta desconocido, incierto y/o amenazante, disminuye la confianza en los hábitos, y las estrategias deliberativas conducen a una búsqueda de información.

Es acá donde aparece la Naturalización de los hechos, y a ¿qué responde este término?. Se trata de la habitualidad de distintas situaciones cotidianas que nuestro cerebro racional deja de detectar y por consiguiente casi no modifica nuestro estado emocional.

Pasó en pandemia, al principio nos angustiaba recibir los reportes de seres humanos que morían y con el transcurso del tiempo involuntariamente fuimos reemplazando vidas por números fríos.

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Como este, se puede dar miles de ejemplos en donde los hechos dejan de movilizarnos en lo mas profundo de nuestro ser para dejar solo la frialdad del dato.

La historia (relato) y los datos (números) son verdades, nadie lo discute, solo que los datos solo son comprendidos especialistas, en cambio las historias influyen en nuestras emociones.

Entonces, ¿cual es el secreto? ¿Que votamos cuando votamos? 

No existe ningún secreto, comunicacionalmente, se trata de conectar

Aquel que sea capaz de contar una historia, que se ponga en linea connuestras emociones, será quien logre mayor conexión. Se convertirá en el Lider de la Causa.

Y desde el párrafo anterior, naturalmente, se desprende la respuesta a la segunda pregunta; ¿Que votamos cuando votamos? En realidad nos autovotamos, votamos la causa que mas nos identifica, votamos el relato que mas nos describe, si nos invade la ira, y el relato alimenta esa emoción, pues sin dudas iremos en ese sentido, lo mismo ocurre con la tristeza, felicidad, sorpresa, asco, miedo.

Conclusión:

  • Decidimos emocionalmente
  • Elegimos a quien se conecta con nosotros
  • La naturalización de los hechos nos adormecen

 

Fabián Nuñez Director VMI
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