Leandro Orozco: “Pensé que morirme era la solución, pero encontré un lugar que me salvó la vida”

“Somos testimonios vivos de que sí se puede salir”

Leandro Orozco tiene 31 años, es de Villa Mercedes y durante 17 años convivió con las adicciones. Llegó a perder vínculos, trabajo, pertenencias y hasta las ganas de vivir. Hoy, después de atravesar un proceso de recuperación en una comunidad cristiana, decidió transformar su historia en una misión: ayudar a otros que atraviesan el mismo infierno que él conoció de cerca.

Actualmente impulsa en la ciudad el grupo “Esperanza Viva”, un espacio de acompañamiento para personas con consumos problemáticos y también para sus familias. Su objetivo es claro: transmitir que existe una salida.

“Yo llegué al punto de querer morirme. Tuve un intento de suicidio. Pensé que esa era la solución, pero ese lugar me hizo entender que tenía que morir el hombre viejo para empezar a construir uno nuevo”, contó emocionado durante la entrevista.

Leandro comenzó a consumir a los 13 años. Primero marihuana, pastillas y LSD. Más adelante llegó la cocaína. “La cocaína te rompe en vida. Te lleva a hacer cosas que nunca pensaste. Yo terminé solo, con deudas, vendiendo mis pertenencias y perdiendo prácticamente todo”, relató.

Durante cinco años consumió todos los días. El límite apareció cuando entendió que el camino solamente tenía dos destinos: “la muerte o la cárcel”.

En medio del derrumbe personal, fue su madre quien insistió en buscar una alternativa. Así apareció “Fazenda de la Esperanza”, una comunidad cristiana ubicada en Dean Funes, Córdoba, que trabaja en recuperación de adicciones desde la espiritualidad, la convivencia y la reconstrucción de hábitos.

“No fui porque quería. Fui porque no me quedaba otra. Era el manotazo de ahogado”, reconoció.

Allí permaneció un año completo. El proceso incluye normas estrictas, convivencia comunitaria, trabajo, espiritualidad y acompañamiento emocional. “Uno aprende a levantarse temprano, a compartir, a escuchar, a valorar lo que tiene. Es una escuela de vida”, explicó.

Leandro asegura que ese tiempo le permitió sanar heridas profundas y recuperar algo que había perdido hacía años: amor propio.

“Un año ahí no me garantiza que nunca más voy a consumir. Por eso digo que soy un adicto en recuperación. Esto es una decisión diaria”, afirmó.

Cuando todavía estaba internado, Leandro empezó a imaginar la posibilidad de llevar esa experiencia a Villa Mercedes. Así nació el deseo de crear un grupo de contención inspirado en el mismo carisma de “Fazenda de la Esperanza”.

Hoy ese espacio ya funciona y acompaña tanto a personas con consumos problemáticos como a familiares que necesitan contención.

“La familia también tiene que sanar. Muchas veces creen que el problema solamente lo tiene el adicto, pero esto afecta a todos”, sostuvo.

El grupo trabaja principalmente desde la escucha, la palabra y la espiritualidad. No reemplaza tratamientos médicos ni psicológicos, sino que busca ofrecer una alternativa complementaria basada en la experiencia de quienes atravesaron el mismo dolor.

“Nosotros no vendemos otra cosa más que nuestra experiencia de vida. Yo no estudié para esto. Hablo desde lo que viví y desde las herramientas que me salvaron”, explicó.

A lo largo de la charla, Leandro repitió varias veces una frase que resume el sentido de su tarea actual: “Sí se puede salir”.

Con esa convicción, hoy dedica gran parte de su tiempo a acompañar personas que atraviesan situaciones similares a las que él vivió. Su intención no es solamente contar una historia de recuperación, sino tender una mano.

“Queremos que la gente sepa que hay un lugar donde puede acudir. A veces uno piensa que ya no hay salida, pero sí la hay. Hay una luz”, expresó.

Y agregó: “Nosotros somos testimonios vivos. Si yo pude salir, otro también puede”.