
Como alguien que ha dedicado algunos años al servicio de la seguridad, entiendo de buena manera las tensiones que existen entre proteger a la ciudadanía, dar respuestas, respetar los derechos y los costos políticos de este basculante equilibrio.
Siempre tuve una pregunta recurrente: ¿Qué motiva realmente a las personas formarse como policías?. Para lo cual comencé a desentrañar algunas respuestas estudiando el concepto de la vocación de servicio, la cual por definición genérica comparto con ustedes. “La vocación de servicio es la disposición de ayudar a los demás con entusiasmo y entrega. Es una actitud que implica compromiso, responsabilidad y empatía”.
A simple razonamiento parece ser un concepto fácil de entender en lo teórico, pero intrínsecamente ligado a una difícil praxis.
Sí la vocación de servicio es entonces una correcta predisposición de ayudar, brindar atención, la búsqueda del bien común, desarrollo de habilidades, motivación, honestidad, ética, empatía, profesionalismo entre tantas otras características, entonces cuál sería el caldo de cultivo de estás cualidades?. ¿Se nace con esta vocación o se va logrando con el tiempo?. Aestapregunta,yesunaopiniónpersonal,encontréunarespuesta;laformación y los formadores.
Convencido que la única vía legítima de otorgar a la sociedad funcionarios con vocación de servicio, es una sana y correcta labor en los institutos policiales, instructores comprometidos a grabar a fuego en la piel y en la mente de los futuros uniformados todos sus conocimientos y experiencia, transmitir valores y virtudes, como también enseñar a protegerse de todo lo malo que en la sociedad les espera.
Ahora bien, podemos ver qué en nuestra Provincia la cadena de formación constante y continua, que debería siempre alimentar exponencialmente las bases de una pirámide policial perfecta, estuvo dañada durante bastante tiempo, y quizás aún lo esté. Gestiones anteriores de Gobierno se dieron el lujo de manosear descaradamente lo más preciado de una institución, sus mecanismos de crecimiento (Los hombres pasan y las instituciones quedan).
La sociedad fue testigo cómplice de la negligencia, la desidia y el abandono de nuestra fuerza Provincial, promociones completas sin decreto y designación, desfinanciamiento de las campañas publicitarias de reclutamiento, partidas presupuestarias dudosas, contrataciones directas, ascensos extraordinarios y meteóricos que rayaban en lo obsceno, designación de máximas autoridades a dedo, destrato administrativo, entre tantas otras. Está situación nos ha llevado a consecuencias escatológicas sobre la vocación de servicio. ¿Con qué entusiasmo o motivación pueden trabajar nuestros policías?, desde que óptica visualizan sus obligaciones, cuando sus derechos de empleado público están totalmente soslayados y alejados de cualquier meridiano.
La política discrimina cuando no mide con la misma vara a la policía con otras reparticiones, Ejemplos: Un empleado municipal o de cualquier otro lado, que no dispone de
insumos para el desempeño de su función, se queda cruzado de brazos, si no dispone de elementos no trabaja, y no lo alcanza sanción alguna, “No tengo hojas, no puedo imprimir, no atiendo”, simple. En cambio la policía si no toma una denuncia, si no acude a una emergencia, estará sujeto a sanciones, inclusive sumarios administrativos o incurrir en delitos de omisión.
Es bastante normal que los policías compren insumos de su bolsillo, tinta, crédito telefónico, usar sus vehículos particulares para diligencias, comprar sus uniformes, para estar presentables ante una sociedad que ya bastante los defenestra de buenas a primeras. Sin mencionar la carga horaria de trabajo, el abandono en materia de asistencia social, en acompañamiento psicológico, sin posibilidad de queja y lo más incomprensible, Una institución que en gran porcentaje, “HOY TIENE SALARIOS QUE ESTÁN POR DEBAJO DE LA LÍNEA DE POBREZA”.
Esto es un despropósito sistemático sólo CONVENIENTE al poder POLÍTICO, ya que abusan de esa vocación de servicio de la cual hablamos, para que sea autosustentable y que los engranajes continúen traccionando hacia adelante, sin importar a qué costo.
Cómo reflexión final, nuestra sociedad debería tomar conciencia sobre la precariedad de aquellos servicios esenciales que reclamamos como derechos fundamentales que son, seguridad, educación y salud conforman las bases de una sociedad ordenada y democrática, más cuando exijamos el bienestar que otorga la calidad institucional, antes debemos observar el contexto completo, conocer cómo funcionan realmente nuestras instituciones, sus aciertos y defectos, pero pensando seriamente en sus necesidades, ya que no es casualidad que la oferta laboral de la policía se encuentre entre las menos solicitadas.
No dejaré de mencionar que actualmente existen alicientes para recomponer la esencia de nuestra querida Policía, algunos nombres propios ilusionan, traen pequeños destellos de luz en una larga noche de desvalimiento y desatención, pero este trabajo de recomposición nos costará a los Sanluiseños un valioso tiempo, no es tarea fácil sanear a un enfermo de cuerpo raquítico en el *interior* y una cabeza hidrocefalica en la “Capital”.
Pablo A. Quiroga


