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Pide que la protejan de su ex, quien habría intentado matarla

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María soportó dos años y medio de insultos y maltratos físicos porque en un momento llegó a creer todo lo que su ex, Raúl Pérez, decía sobre ella. Llegó a pensar que en verdad no valía nada como persona y que no era capaz de hacer nada bien, que solo existía para hacerle pasar malos ratos a él. Pero por fin entendió que el único error que había cometido era no haberlo denunciado antes cuando a fines de 2017, según denunció, Pérez intentó matarla: en una primera ocasión colgándola de una soga, y la última vez, prendiéndola fuego. Hoy, a dos años y medio de denunciarlo por eso, María lo único que quiere es que la Justicia le imponga a él, al menos, una prohibición de acercamiento, porque dice que donde la ve, la amenaza.

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María nunca antes había querido dar a conocer lo que vivió con su ex; por eso, le pidió a este medio que solo fuera publicado su nombre de pila. Sin embargo, decidió romper el silencio para lograr de alguna forma que la causa por violencia de género que tramita en el Juzgado de Instrucción 3 de Villa Mercedes, a cargo de la jueza Mirta Ucelay, se reactive, porque vive intranquila y con el miedo de que Pérez cumpla lo que tantas veces le aseguró: que la matará.

La mujer contó que lo conoció en 2013. Después de medio año de salir de vez en cuando se convirtieron en novios y comenzaron a convivir en la casa que la mujer tiene en el barrio San José.

Al principio la relación fue “linda”, describió María. “Como hubo tres meses que él no conseguía trabajo, estaba en la casa y me ayudaba a cocinar, a limpiar. Éramos muy compañeros”.

Pero después de seis meses, de un momento a otro, sin razón alguna, el hombre empezó a cambiar, y para mal. “Ya no era la persona que yo había conocido”, aseguró la mujer. “Comenzó con agresión verbal y después física”.

Era tanto el desconcierto de María, que llegó a pensar que si él se ponía violento era porque ella lo hacía enojar. “Yo creía que era normal. Pensaba: ‘A lo mejor estoy haciendo las cosas mal, por eso él me hace esto”.

La mayoría de las agresiones nacía de los celos. “Si yo iba a comprar, me decía que yo había ido a ver a alguien, o si mis hijos venían me decía que seguro ellos me hacían pata con un macho”, comentó.

La primera paliza que le dio, recuerda María, fue a los siete meses de relación. “Habíamos ido al hospital, porque yo tengo una hernia umbilical y me dolía mucho”, narró. Allí estuvieron de 18 a 20. “Como tuvimos que esperar mucho, se enojó y me dijo: ‘Mirá las horas que nos comimos ahí adentro por culpa tuya’. Yo le dije que yo no busco las enfermedades”, relató. La respuesta de él fue una trompada en el estómago.

Cuando ella le dio a entender que les diría a sus hijos que la había golpeado, él la tomó del cuello, rememoró.

“Me clavó los dedos en la tráquea y me dijo que si yo hablaba, me iba a arrancar la cabeza a palos. ‘Vos no tenés que hablar nada. Estoy c… de hambre, laburé todo el día y culpa tuya perdimos tiempo’, me dijo”. Pérez era albañil y ese día había trabajado solo siete horas.

Ella quiso, en varias oportunidades, terminar la relación. Pero lo máximo que consiguió fue estar siete días separados.  “Él vivía en una pieza al frente de mi casa, y me controlaba constantemente. Me miraba por la ventana, para ver qué hacía, con quién me veía”.

Pero lo peor, según María, sucedió en diciembre de 2017, cuando le pidió poner fin a la relación porque no los llevaba a ningún lado. “Me pegó, me agarró del cuello, me hizo subir a la cama y de ahí me colgó con una soga desde un tirante del techo”, aseguró. Uno de sus hijos, quien había escuchado un ruido que venía del dormitorio de su madre, la salvó.

Unos días después, el 26 de diciembre, la quemó. “Yo había visto luz debajo de la puerta de la pieza donde vivía él, entonces me crucé con un palo porque pensé que le estaban robando. Empujé con las dos manos la puerta y cuando entré me envolvieron las llamas”, relató. Habían explotado el tubo de la heladera y dos tarros de pintura que estaban a un metro de la entrada. La nuera de María la salvó. “Me arrastró hasta el suelo, rodó conmigo y así apagó el fuego”, recordó. Cuando Raúl la vio no solo no la ayudó, sino que le reprochó que le había incendiado la casa. “Me dijo: ‘Me la vas a pagar’. Y salió. Fue a buscar una manguera, chupó nafta de la moto, la puso en un vaso, me la echó en la cara y después me tiró un papelito”, afirmó. En el susto, la mujer abrió la boca y tragó algo del combustible. “Me quemé toda la cara, hasta la tráquea”, señaló.

“A mi nuera tuvieron que trasladarla a San Luis porque también se quemó, y a mí me dejaron acá (en Villa Mercedes) porque no podían moverme. Estuve dos meses en terapia, un mes y medio con cirugías y, entre infartos y preinfartos, tuve 12 (…) Estuve muchas veces al borde de la muerte; muchas veces los médicos les decían a mis hijos que no sabían si pasaba las 12, las 24 o las 72 horas”, contó entre lágrimas.

“Pensé que nunca más iba a tener pelo en la cabeza, ni pestañas ni cejas, que no me iban a volver a crecer las uñas. Pero la vida me dio una segunda oportunidad”, rescató María. Después del día del incendio, Pérez se fue del domicilio de la mujer.

Si bien dijo que se siente muy contenida por el personal de la Secretaría de la Mujer, que todos los días la llama, le pregunta cómo está y le da ayuda psicológica, además del botón antipánico, quiere que la causa en la Justicia no siga estancada como lo está.

“Lo he denunciado miles de veces, porque ha entrado a mi casa y me ha destruido muebles. Cada vez que salgo y me lo cruzo me insulta, me patea y sale corriendo, me pega en los brazos”, aseguró. Le dice que es una “vieja chicharrón quemado” o la llama “vieja Frankenstein”. “Yo en el brazo tengo injerto y a mí me duele que me traten así”, expresó.

El reclamo es uno solo. “No tengo abogado, ni como pagarlo. No pido ni siquiera que lo metan preso: solo quiero que le pongan una perimetral (una prohibición de acercamiento), porque ya me ha dicho que me va a matar”, pidió.

F: ED

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