Revista VMI

Sufrió heridas en un rodaje que fue “una experiencia espiritual”, pero luego no consiguió más papeles: Jim Caviezel, el actor estigmatizado por hacer de Jesús

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Para protagonizar “La Pasión de Cristo”, de Mel Gibson, pasó por situaciones extremas. El esfuerzo no le trajo nuevos contratos laborales, pero él asegura que fue una bendición

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Para Jim Caviezel, la historia de Jesús no era desconocida. Creció en una familia católica donde la religión formaba parte de lo cotidiano. Una lesión en el pie le impidió su sueño de jugar en la NBA, pero su altura de casi un metro noventa, sus ojos claros y porte envidiable le abrieron las puertas del modelaje y la actuación. Hizo papeles intrascendentes en películas trascendentes. Pero todo cambió en 1998: le ofrecieron ser el soldado Robert Witt en La delgada línea roja y saltó de la categoría lindo actor del montón a la de talentoso actor requerido. Encadenó una serie de películas: Frequency, Mirada de Ángel y La venganza del Conde de Montecristo.

El protagonista de Arma mortal, convencido creyente cristiano, quería llevar a la pantalla la vida de Jesús pero no desde su nacimiento sino solo su agonía y resurrección, lo que en el ámbito religioso se conoce como la Pasión de Cristo. Su idea era rodar una película realista y por eso se filmaría en latín, hebreo y arameo, las lenguas de esa época. Caviezel lo escuchó con atención. La historia se contaba según los textos evangélicos, pero se agregaban las visiones de la beata Ana Emmerick, una religiosa y mística alemana del siglo XIX.

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El actor hizo las valijas y partió. La película se grabaría en Italia y en invierno. Antes de comenzar el rodaje, el actor tuvo una audiencia con el entonces papa Juan Pablo II, quien lo bendijo. Todavía no lo sabía, pero para lo que se venía precisaría la ayuda de la fe, según los creyentes, o un increíble temple, según los agnósticos.

Si preparar las escenas era complejo, grabarlas era fatal. Para la toma del camino al calvario cargó una cruz de 70 kilos. El peso era tanto que le dislocó el hombro, situación que quedó registrada para la pantalla. La crucifixión fue peor. En su afán de realismo, el director lo colgó de la cruz. Durante 15 días permaneció varias horas suspendido en lo alto. En pleno invierno, con temperaturas bajísimas y apenas cubierto con un taparrabos, sufrió ataques de hipotermia, sus músculos temblaban de un modo tan violento que decidieron acercarle tres calentadores. Funcionaban bien con viento pero si el clima se calmaba podían quemarle las piernas.

Intentaba comer algo, pero solo tenía náuseas. El frío le congelaba los labios y los asistentes le pasaban paños calientes para que pudiera balbucear alguna palabra. Ni paños ni calentadores alcanzaron, y terminó con un ataque de neumonía. En una de las jornadas y con un viento fuertísimo, uno de los soportes de la cruz cedió y magulló aún más su hombro. En otra de las jornadas comenzó una tormenta y sufrió una descarga eléctrica que quemó parte de su pelo aunque sin mayores consecuencias. Para algunos fue un milagro, para otros una cuestión de suerte.

Luego de interpretar a Jesús, la carrera de Caviezel quedó detenida

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Faltaba más. Antes de ser crucificado, según los evangelios, Jesús fue flagelado por los soldados. Al recrear la situación, para proteger al protagonista se le colocó sobre la espalda una placa de metal, pero al golpear uno de los actores calculó mal y le desgarró la piel. Caviezel se quedó sin aire y sin respirar por el dolor. “Estaba representando a Jesús, pero me sentía enfurecido como un diablo”, admitiría de ese momento.

Para peor esa toma no sirvió para nada. Al caer doblado de dolor, la placa usada como protector quedó a la vista y hubo que volver a filmar. El incidente parecía olvidado pero unos días después, otro actor equivocó el golpe y le dio en la espalda lastimada. Otra vez el dolor fue tan intenso que su cuerpo se retorció, el movimiento descontrolado provocó que se cortara las manos con las anillas de metal a la que estaba sujeto. Cuando se acercaron a asistirlo notaron que en su espalda se le había abierto una herida de 30 centímetros. Lo curaron pero la situación fue tan traumática que al intentar rehacerla, el actor se encogía y giraba la cabeza sin controlar el pánico. Se decidió que los actores soldados usaron solo los mangos de madera; los látigos se tuvieron que añadir en edición digitalmente.

Ante la mitad de los desafíos que enfrentó Caviezel, otro artista habría renunciado o al menos hubiera pedido un equipo de dobles. Pero él tomó su trabajo como una “experiencia espiritual”. Gibson le llegó a preguntar si quería seguir con la película y recibió por respuesta: “Voy a continuar. Esto es entre Dios y yo”. Como persona creyente estaba convencido de que su destino era pasar por aquel calvario para conseguir una actuación de lo más realista que fuera aplaudida por público y crítica, y lograra algunas conversiones, pero también que le sirviera para reafirmar su propia fe. Caviezel aseguraba sentir la “gran presencia” de Jesús en algunos momentos del rodaje. Esa “presencia” le inspiraba una oración. “No quiero que la gente me vea a mí. Solo quiero que vean a Jesús. Y, a través de eso, las conversiones ocurrirán”.

Caviezel asegura que no se arrepiente de haber interpretado a Jesús

Y parece que la oración surtió efecto. En la escena del Vía Crucis, los extras contratados, al verlo pasar, se arrodillaban de forma espontánea y fuera de guión. Los vecinos de Sassi di Matera, pueblo donde asistía a misa, al cruzarlo por la calle se santiguaban y decían ”Jesús”. El actor italiano Pedro Sarubbi, que interpretaba a Barrabás, el ladrón que según el relato bíblico fue liberado en lugar de Jesús, al representar esa parte sintió que no fue Caviezel el que lo miró sino el propio Jesucristo. “Sus ojos no tenían odio ni resentimiento conmigo, solo misericordia y amor”, expresó. Vivió una profunda conversión que plasmó en su libro Da Barabba a Gesù – Convertito da uno sguardo (De Barrabás a Jesús, convertido por una mirada). No fue el único.

Luca Lionello, el artista que interpretó a Judas, era un declarado ateo antes de comenzar el rodaje. Al terminar se convirtió al catolicismo, se confesó y bautizó a sus hijos. Uno de los jefes técnicos que era musulmán también se convirtió al cristianismo. Contagiados de cierto misticismo o psicosis religiosa, algunos productores aseguraban haber visto a unas personas vestidas de blanco dando consejos, que al terminar las grabaciones no volvieron a aparecer.

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