Orlando Gill, arquero titular de la selección de Paraguay en el Mundial 2026 y una de las grandes revelaciones del fútbol sudamericano, atravesó años de profundas dificultades económicas antes de alcanzar el máximo nivel. En uno de los momentos más duros de su vida, llegó a vender sus botines, la ropa que le entregaba su club e incluso una camiseta de la selección juvenil para poder comprar alimentos para su familia.
Con apenas 26 años, el guardameta de San Lorenzo de Almagro se convirtió en un ejemplo de perseverancia. Detrás de su presente deportivo, marcado por actuaciones destacadas tanto en el club argentino como en la Albirroja, existe una historia de sacrificio que conmovió al ambiente futbolístico.
La difícil decisión que tomó para sostener a su familia
La situación económica de Gill ya era complicada, pero se agravó aún más tras el nacimiento de su hijo Lautaro, quien presentó un problema de salud en sus primeros días de vida y obligó a afrontar importantes gastos médicos.
Sin ingresos suficientes y sin alternativas inmediatas, el arquero tomó una decisión extrema: vender prácticamente todas sus pertenencias vinculadas al fútbol.
Su esposa, Melissa Ávalos, reveló esa historia en la previa del debut de Gill con la selección paraguaya mayor, ocurrido el 6 de septiembre de 2025, cuando Paraguay venció 1-0 a Perú por las Eliminatorias Sudamericanas.
“Cuando nació Lautaro no teníamos nada”, contó la mujer al recordar aquellos días.

Según relató, el arquero vendió botines, zapatillas, la indumentaria que recibía del club e incluso una camiseta que había utilizado con la selección paraguaya Sub 20 durante el Sudamericano 2019, una de las piezas más valiosas de su carrera.
Ese recuerdo deportivo terminó convertido en dinero para garantizar algo mucho más urgente: que su familia pudiera tener un plato de comida.
De las dificultades económicas al fútbol de Primera
El esfuerzo comenzó a dar frutos a comienzos de 2024, cuando Orlando Gill llegó a San Lorenzo de Almagro procedente del Club Sportivo San Lorenzo de Paraguay.
Su primer año transcurrió íntegramente en la Reserva, donde se consolidó como una de las figuras del equipo dirigido por Damián Ayude. Sus actuaciones le abrieron rápidamente las puertas de la Primera División.
Con el paso de los partidos, el arquero se ganó la titularidad en el conjunto azulgrana y pasó a convertirse en uno de los futbolistas más valorados por los hinchas del Ciclón.
Su crecimiento también fue observado por el entrenador de la selección paraguaya, Gustavo Alfaro, quien decidió convocarlo al combinado nacional.
El sueño mundialista
Las buenas actuaciones le permitieron adueñarse también del arco de la selección paraguaya y cumplir uno de los mayores objetivos de cualquier futbolista: disputar una Copa del Mundo.
Con sus 1,98 metros de altura, reflejos bajo los tres palos y una historia de vida marcada por el esfuerzo, Orlando Gill representa uno de los casos de superación más impactantes del fútbol sudamericano reciente.
Nacido el 11 de junio de 2000 en la ciudad paraguaya de San Lorenzo, departamento Central, el arquero comenzó su carrera como mediocampista. Sin embargo, el crecimiento físico lo llevó a cambiar de posición hasta convertirse en uno de los guardametas con mayor proyección de la región.
Hoy, quien alguna vez debió vender hasta sus botines para alimentar a su familia defiende el arco de Paraguay en el escenario más importante del fútbol mundial.


