El comercio local frente al avance de las compras online: una transformación que amenaza a los negocios del interior

Las plataformas digitales, los productos importados y la caída del consumo modifican el mercado. En Villa Mercedes, comerciantes advierten sobre las dificultades para sostener sus negocios, mientras las ventas por Internet continúan creciendo.

La expansión del comercio electrónico, el acceso a productos importados y la pérdida de capacidad de compra de las familias están modificando profundamente el comercio argentino. El fenómeno plantea un desafío especialmente complejo para las ciudades del interior, donde los negocios tradicionales afrontan alquileres, impuestos, servicios y salarios, mientras compiten con plataformas nacionales e internacionales. Villa Mercedes no escapa a esta realidad: representantes del sector comercial advierten sobre cierres, endeudamiento y una actividad que no logra recuperar su dinamismo.

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Dos realidades de un mismo mercado

Una vidriera iluminada, un empleado esperando clientes y mercadería que permanece durante semanas en exhibición. Del otro lado, un teléfono celular, miles de productos disponibles, promociones y la posibilidad de comprar sin salir de casa.

La imagen resume una transformación que atraviesa al comercio argentino y que adquiere características particulares en ciudades como Villa Mercedes, donde la actividad de los pequeños y medianos negocios constituye una parte importante de la economía cotidiana.

El fenómeno, sin embargo, no puede explicarse únicamente como una competencia entre comercios tradicionales y plataformas digitales.

La caída del consumo, el encarecimiento de los costos operativos, las nuevas alternativas de importación y los cambios tecnológicos confluyen en un escenario que obliga a revisar cómo se compra, cómo se vende y qué posibilidades tienen los negocios de menor escala para sobrevivir.

El comercio electrónico crece mientras los negocios tradicionales enfrentan dificultades

Los números permiten dimensionar la transformación.

Según la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), durante el primer semestre de 2026 las ventas online alcanzaron una facturación de 19,53 billones de pesos, con un crecimiento nominal del 28% respecto del mismo período de 2025.

En esos seis meses se concretaron 181,5 millones de órdenes de compra, un 21% más que en igual período del año anterior. También se comercializaron 248 millones de unidades, con un incremento del 22%.

El dato importante no es solamente cuánto dinero circuló por Internet. El aumento de las operaciones demuestra que cada vez más decisiones de consumo se concretan mediante canales digitales.

La situación contrasta con los resultados de los negocios minoristas tradicionales.

El relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) correspondiente a septiembre de 2026 registró una mejora real interanual de apenas 0,3% en las ventas minoristas pyme, acompañada por una caída del 1,2% respecto de agosto.

En el acumulado de los primeros nueve meses del año, las ventas mostraban una retracción del 2,1%.

Pero aparece un dato revelador: las ventas por Internet realizadas por comercios que también poseen locales físicos crecieron un 19,4% interanual durante septiembre.

Esto indica que la frontera entre comercio presencial y digital es cada vez menos definida. Los negocios tradicionales también pueden aprovechar Internet, aunque no todos disponen de los recursos para hacerlo en condiciones competitivas.

Las importaciones agregan una nueva dimensión al problema

A la expansión del comercio electrónico nacional se suma la creciente participación de plataformas internacionales.

Sitios como Temu y Shein, entre otros, acercan productos fabricados en el exterior directamente al consumidor argentino, con catálogos extensos, estrategias promocionales y precios que en determinados artículos pueden resultar inferiores a los ofrecidos en comercios locales.

La CACE registró que, durante 2025, el porcentaje de compradores online encuestados que habían adquirido productos del exterior pasó del 37% al 47%.

En el primer semestre de 2026, un 18% de los consumidores consultados declaró haber realizado su primera compra online internacional durante ese período.

La apertura de alternativas de compra también está relacionada con modificaciones en los procedimientos de importación.

Actualmente, el régimen de pequeños envíos por courier de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) permite ingresar mercadería de uso personal por un valor de hasta 3.000 dólares por envío, con determinados límites de peso y cantidad.

Los primeros 400 dólares cuentan con una exención de derechos de importación y tasa de estadística, aunque corresponde abonar IVA e impuestos internos cuando resulten aplicables. El beneficio puede utilizarse hasta cinco veces por año calendario y por persona.

Estas condiciones facilitan el acceso directo a productos extranjeros, aunque no significan que todas las compras estén libres de impuestos ni que puedan utilizarse para importar mercadería con finalidad comercial.

La diferencia es importante: un consumidor que adquiere un artículo para uso personal no necesariamente enfrenta la misma estructura tributaria, logística y comercial que un negocio que importa o compra mercadería para revender.

¿Compiten todos bajo las mismas condiciones?

Uno de los principales interrogantes es si un pequeño comercio argentino puede competir en igualdad de condiciones con grandes plataformas digitales y proveedores internacionales.

Un negocio instalado en Villa Mercedes debe afrontar una estructura de gastos que puede incluir alquiler, electricidad, gas, impuestos nacionales y provinciales, tasas municipales, empleados, aportes, seguros, mantenimiento, equipamiento y reposición de mercadería.

Estos costos deben recuperarse mediante las ventas, incluso cuando el movimiento comercial disminuye.

Las grandes plataformas, por su parte, operan con modelos diferentes, basados en escalas de comercialización mucho mayores, sistemas automatizados, centros logísticos y una capacidad tecnológica que permite llegar a numerosos compradores simultáneamente.

Esto no significa que vender por Internet implique ausencia de costos. Las plataformas también enfrentan gastos de distribución, procesamiento de pagos, publicidad, almacenamiento, impuestos y devoluciones.

La diferencia reside en cómo se distribuyen esos costos y en la capacidad de negociar precios, financiación y logística.

Para un pequeño negocio del interior, competir únicamente mediante descuentos puede convertirse en una estrategia difícil de sostener.

Villa Mercedes: la crisis tiene manifestaciones concretas

La problemática nacional encuentra una expresión particular en Villa Mercedes, una ciudad cuya actividad económica combina comercio, servicios, industria y empleo público y privado.

Durante 2026, representantes de la Cámara de Comercio de Villa Mercedes formularon reiteradas advertencias sobre la disminución de las ventas y las dificultades para sostener establecimientos.

En junio, Darío Sánchez, integrante de la entidad, describió en una entrevista con Radio Universidad Villa Mercedes una situación crítica y señaló que numerosos negocios estaban vendiendo menos de lo necesario para cubrir sus costos.

En agosto, el mismo dirigente advirtió sobre el endeudamiento de comerciantes, las dificultades para afrontar alquileres y servicios, y la existencia de locales vacíos en sectores céntricos y avenidas importantes.

Durante octubre, Sánchez volvió a referirse al deterioro de la actividad comercial y señaló que los ingresos de las familias resultaban insuficientes para sostener los niveles de consumo.

Entre los casos mencionados públicamente figuró el de una comerciante que buscaba dar de baja su actividad ante la imposibilidad de continuar afrontando los gastos.

Estos testimonios aportan información sobre el escenario local, aunque no constituyen por sí mismos una estadística consolidada de cierres comerciales ni permiten atribuirlos exclusivamente al crecimiento de las ventas online.

El problema, según surge de las declaraciones empresariales, tiene un componente fundamental: la falta de dinero disponible en los hogares.

El verdadero competidor también es la pérdida de poder adquisitivo

El avance de las compras digitales suele señalarse como una de las razones por las que disminuye el movimiento en los negocios tradicionales.

Sin embargo, existe otra explicación que resulta indispensable considerar.

Cuando una familia debe destinar una mayor proporción de sus ingresos a alimentos, vivienda, servicios, transporte y compromisos financieros, dispone de menos recursos para adquirir ropa, calzado, electrodomésticos, juguetes o artículos para el hogar.

En ese contexto, las compras se postergan, se buscan segundas marcas, se aprovechan ofertas o se recurre al financiamiento.

El comercio electrónico puede captar parte de esa demanda porque facilita la comparación de precios y permite buscar alternativas económicas.

Pero una compra realizada por Internet no demuestra necesariamente que el consumidor haya abandonado un negocio de su ciudad. En algunos casos, puede tratarse de una adquisición que no hubiera realizado a los precios disponibles localmente.

Por eso, adjudicar la crisis comercial exclusivamente a las importaciones o a las plataformas digitales conduciría a un diagnóstico incompleto.

La pérdida de poder adquisitivo reduce el mercado disponible, mientras la competencia digital modifica la manera en que ese mercado se distribuye.

Ambos procesos pueden ocurrir simultáneamente.

El interior del país enfrenta desafíos adicionales

Para un comercio de Villa Mercedes, San Luis, Justo Daract, Merlo o cualquier otra ciudad del interior, la escala del mercado representa una variable fundamental.

A diferencia de los grandes centros urbanos, muchas localidades dependen de una cantidad relativamente limitada de consumidores, cuya demanda está vinculada a los salarios, la actividad productiva regional y la circulación de dinero dentro de la comunidad.

Cuando una plataforma nacional o internacional ofrece productos con entrega a domicilio, esa barrera geográfica pierde parte de su importancia.

Un vecino puede comparar precios de proveedores instalados en Buenos Aires, Córdoba, otras provincias o directamente en el exterior.

Para el consumidor, esto amplía las posibilidades de elección.

Para el comerciante, significa competir con vendedores que no necesariamente están sujetos a los mismos costos de distribución, estructura comercial o condiciones de compra mayorista.

Aunque la logística puede encarecer los envíos al interior, las plataformas de gran escala disponen de herramientas para negociar tarifas, organizar entregas y ofrecer promociones que un pequeño establecimiento difícilmente puede igualar.

La tecnología reduce distancias para comprar, pero no elimina automáticamente las desigualdades de escala para vender.

El dinero que deja de circular en la economía local

Existe otra dimensión del fenómeno que merece atención: el efecto que producen las compras sobre la actividad económica de cada ciudad.

Un comercio local no solamente vende productos.

También puede generar empleo, contratar servicios contables, realizar publicidad, pagar alquileres, adquirir insumos y demandar servicios de mantenimiento o transporte.

Una parte de esos gastos se convierte, a su vez, en ingresos para otros trabajadores y empresas de la misma comunidad.

Cuando disminuye la actividad comercial presencial, estos vínculos económicos pueden debilitarse.

Sin embargo, no toda compra realizada por Internet implica que el dinero abandone completamente la economía local.

Existen comercios villamercedinos que venden mediante redes sociales, WhatsApp y plataformas digitales. También participan empresas de transporte, repartidores y prestadores de servicios que obtienen ingresos gracias al comercio electrónico.

La cuestión central consiste en determinar qué proporción del valor generado permanece dentro de la ciudad y qué actividades locales se fortalecen o se pierden.

Actualmente no existe un dato público consolidado que permita establecer cuánto dinero gastan los habitantes de Villa Mercedes en plataformas online o qué porcentaje de ese consumo sustituye directamente a las compras en negocios de la ciudad.

Ese vacío estadístico impide establecer una cifra precisa del impacto económico local.

¿Los consumidores tienen la responsabilidad de sostener al comercio local?

La transformación también plantea una discusión social.

Para numerosos comerciantes, la elección de comprar en plataformas internacionales representa una amenaza para la continuidad de los negocios de cercanía.

Para los consumidores, en cambio, comparar precios y buscar productos más económicos puede ser una necesidad antes que una preferencia.

Ambas situaciones merecen ser consideradas.

No resulta razonable exigir a una familia con ingresos ajustados que pague un precio mayor únicamente para sostener un determinado circuito comercial.

Tampoco puede ignorarse que la desaparición de establecimientos locales puede traducirse en menos empleos, menor diversidad comercial y una reducción de servicios disponibles en determinadas zonas.

El desafío consiste en desarrollar condiciones que permitan a los negocios competir sin trasladar toda la responsabilidad a los consumidores.

La digitalización no necesariamente es enemiga del comercio tradicional

Los datos muestran que la venta presencial y la digital pueden complementarse.

La CACE encontró, en su relevamiento anual correspondiente a 2025, que el 85% de los consumidores encuestados buscaba información por Internet antes de concretar compras en establecimientos físicos.

Esto significa que la decisión de compra muchas veces comienza en una pantalla, aunque termine frente a un mostrador.

Para los pequeños y medianos negocios del interior, esta tendencia abre una posibilidad.

Un comercio de Villa Mercedes puede utilizar catálogos digitales, redes sociales, medios de pago electrónicos, publicidad geolocalizada y sistemas de entrega para ampliar su alcance.

También puede aprovechar ventajas que las grandes plataformas no siempre consiguen reproducir: atención personalizada, disponibilidad inmediata, asesoramiento, instalación, reparación, cambios sencillos y atención posventa cercana.

Pero la adaptación requiere inversiones, capacitación y tiempo.

Además, vender a través de grandes marketplaces puede implicar comisiones, gastos publicitarios y dependencia de reglas comerciales fijadas por terceros.

La digitalización no resuelve por sí sola la falta de rentabilidad, aunque puede constituir una herramienta para ampliar las oportunidades de venta.

¿Qué puede hacerse para fortalecer los mercados del interior?

La evolución del comercio plantea desafíos tanto para el sector privado como para las administraciones públicas.

Una respuesta posible pasa por facilitar la modernización tecnológica de los negocios, ampliar el acceso al financiamiento productivo, revisar los costos que afectan su competitividad y promover estrategias comerciales colectivas.

Las cámaras empresariales pueden desempeñar un papel importante mediante capacitaciones, campañas de promoción, acuerdos logísticos y herramientas compartidas para pequeños establecimientos.

También resulta necesario disponer de información confiable sobre cantidad de locales activos, aperturas, cierres, evolución real de ventas, empleo y participación del comercio electrónico en cada ciudad.

Sin estadísticas locales sistemáticas, las decisiones suelen apoyarse en percepciones o testimonios que, aunque relevantes, no alcanzan para medir toda la dimensión del problema.

En Villa Mercedes, una agenda de trabajo podría incluir relevamientos periódicos del centro comercial y los barrios, estudios sobre el comportamiento de los consumidores y programas que ayuden a incorporar canales digitales sin abandonar la atención presencial.

El objetivo no debería ser enfrentar al comercio tradicional con la tecnología, sino permitir que los negocios locales puedan participar de esa transformación.

Una pregunta sobre el futuro de las ciudades

La expansión de las compras online y de los productos importados forma parte de una transformación económica que difícilmente pueda revertirse mediante el simple llamado a comprar en negocios de cercanía.

Los consumidores cuentan hoy con más información, alternativas y posibilidades de comparación que en cualquier otra etapa del comercio minorista.

Al mismo tiempo, los pequeños establecimientos siguen cumpliendo funciones económicas y sociales que exceden la venta de mercadería.

En ciudades como Villa Mercedes, el comercio es también empleo, movimiento en las calles, prestación de servicios, emprendimiento familiar y actividad económica de proximidad.

La discusión, por lo tanto, no pasa por elegir entre Internet y los negocios tradicionales.

Pasa por determinar cómo construir un mercado en el que la innovación, la apertura comercial y el acceso a mejores precios puedan convivir con empresas locales capaces de generar trabajo y sostener su actividad.

El desafío para el interior argentino no es detener el comercio digital, sino evitar que la transformación tecnológica encuentre a sus economías locales sin herramientas para competir.

Y detrás de esa discusión aparece una pregunta que trasciende las vidrieras: ¿qué lugar ocuparán los comercios de nuestras ciudades en la economía que viene?